Entre tanto plegable y móvil ultrafino hay un claro ganador: la compra más inteligente es la aburrida gama media

  • El último año nos ha traído una explosión de formatos: ultrafinos, triplegables y con baterías gigantes

  • Tengo claro que la compra maestra sigue estando en la gama media

Editor

Llevo años escuchando (y a veces pensando) aquello de que "los móviles son aburridos". Que si todos son un rectángulo con pantalla, que si la innovación se ha estancado... Pues bien, parece que en los últimos tiempos, la industria ha decidido llevarles la contraria. De repente, el mercado se ha llenado de apellidos nuevos: "Edge", "Air", "Tri-fold" o "Ultra". Estamos viviendo una explosión de formatos que no veíamos desde hace muchísimo tiempo. 

Y, sin embargo, tras probar, analizar y convivir con estas novedades, tengo una confesión que hacer: mi dinero seguiría yendo a la gama media. Tengo motivos de sobra y pienso que es lo más inteligente si buscas un nuevo móvil al que no le pedirás la máxima vanguardia ni rendimiento: por eso busco siempre la mejor relación calidad-precio.

La fiebre del oro de los nuevos formatos

Si echamos un vistazo al panorama actual, es innegable que la industria está intentando sacudirse del aburrimiento. Por un lado, tienen la obsesión por la delgadez extrema, un camino con el que ya coquetearon en el pasado (sin darle nombre): lanzamientos como los del Galaxy S25 Edge, el iPhone Air o el Honor Magic 8 Pro Air están marcando la agenda. La promesa es seductora: potencia en cuerpos de apenas seis milímetros que caben en el bolsillo sin impedimentos.

En la imagen, el iPhone Air de Apple y el Galaxy S25 Edge de Samsung. Imágenes: Xataka

Por otro, lo que parecía ciencia ficción se ha hecho tangible con los triplegables. Huawei golpeó primero con su Mate XT y Samsung no quiere quedarse atrás. Y como telón de fondo, una revolución casi silenciosa: las baterías de silicio-carbono, que están permitiendo meter 7.000 e incluso 10.000 mAh en espacios donde antes apenas cabían 5.000.

La gama media se ha quedado el «wow»

Aquí es donde entra mi experiencia personal. Por mucho que nos intenten colar el hype, la realidad tiene matices. Los ultrafinos son preciosos, sí, pero hemos visto cómo fabricantes importantes como la propia Xiaomi, ha tenido que cancelar proyectos porque la resistencia no estaba a la altura.

Y los triplegables, aunque impresionantes, siguen siendo unicornios difíciles de comprar y con precios prohibitivos. Imagino que sucederá como con los plegables (¿dobles?), que se irán abaratando con el paso de los años. Por ahora siguen siendo un nicho para usuarios con presupuestos muy altos.

La gama alta tradicional, la que supera los 1.000 euros desde hace al menos un lustro, noto que ha quedado desplazada. Sí, sigue siendo la más importante como escaparate tecnológico, pero ha perdido ese efecto wow con contadas excepciones. Ya no hay un salto demasiado reseñable en la experiencia de usuario.

¿Y sabes quién, de nuevo en mi opinión, ha recogido ese testigo? La gama media. Y no, evidentemente, por tener las prestaciones más punteras. Pero sí porque ha dejado de ser ese "quiero y no puedo" para tener todo lo que necesitan la inmensa mayoría de usuarios.

Estamos viendo cómo características que antes eran exclusivas de los flagships ahora son estándar aquí: memorias UFS, telefotos reales y chips que, como los Snapdragon 8s, vuelan con cualquier tarea. Además, la política de actualizaciones ha mejorado sobremanera: tener hasta seis años de actualizaciones no es una utopía.

No es oro todo lo que reluce

Ahora bien, no me pongo solo las gafas de color de rosa. Como analista, debo ser justo: a la gama media todavía le queda margen de mejora y hay decisiones de los fabricantes que me siguen frustrando.

Aún vemos terminales "premium" que racanean en el USB-C, manteniendo el vetusto estándar 2.0. Esto implica transferencias lentas, y despedidas extras como la salida de vídeo para modos de escritorio, que por cierto, va cobrando cada vez más relevancia en Android.

También me sigo encontrando cámaras con ultra gran angulares que siguen estancados en resoluciones bajas y un rendimiento nocturno regulero. O paneles que, aunque sean AMOLED a 120 Hz, tienen una tasa de respuesta táctil que no está a la altura.

Son pequeños detalles, son "peros" que separan lo excelente de lo sobresaliente. Y sí, apuntan a adiciones que prefieren guardar para la gama alta.

El dilema de móvil "perfecto" por poco dinero

Tengo la esperanza de que estas carencias son temporales, como ya lo fueron otras muchas. La tecnología "de goteo", del inglés trickle-down technology, hará que estas prestaciones lleguen más pronto que tarde. Pero esto plantea una pregunta incómoda para las marcas: si un gama media de 300-500 euros lo tiene todo, ¿para qué querría el usuario un gama alta? Ya buscarán la manera de que destaquen de cara al consumidor.

El tamaño del Pixel 9a (o cualquiera de los últimos modelos base) me encanta. Qué bien le sentaría un paso adelante en cámaras y batería...

Personalmente, lo que deseo para la gama media —aparte de que herede las mejoras de la alta— es una mejor ergonomía. Me explico: echo de menos modelos compactos en este segmento de mercado. Parece que si no gastamos 1.000 euros, hay que conformarse con un ladrillo de casi siete pulgadas.

Un gama media equilibrado, con teleobjetivo, batería de silicio-carbono en un cuerpo de 6,1-6,3 pulgadas (con frontal bien aprovechado) sería, en mi opinión, el smartphone convencional definitivo.

El futuro se dobla y adelgaza, pero la batería es para todos

Mi predicción es que la gama alta tradicional va a mutar. Seguirá recibiendo las novedades más punteras, sí, pero su factor diferencial se desplazará hacia los plegables y los formatos experimentales. La categoría de los "ultrafinos" probablemente acabe fusionándose con esta gama alta gracias al silicio-carbono.

Esta tecnología es la verdadera democratizadora. Permite que un móvil fino tenga autonomía de sobra, o que un gama media tenga la duración de batería que soñaba hace diez años

Lo importante es que esta innovación no sea exclusiva del segmento premium. Por ahora va en esta dirección: si Xiaomi, Oppo, Honor o Realme logran estandarizar estas densidades energéticas en la franja de los 300 euros, el juego habrá cambiado para siempre.

Qué me compraría hoy

Si tuviera que poner mi tarjeta de crédito sobre la mesa ahora mismo, no iría a por el último plegable ni a por el móvil más delgado del mundo. Me iría a un gama media vitaminado.

Modelos como los Realme 14 Pro+, CMF Phone 2 Pro, Nothing Phone (3a) Pro, Vivo V50, o el Oppo Reno14 (cada uno dentro de su presupuesto) demuestran que el equilibrio es la verdadera virtud. Argumento mi opinión en estos tres pilares:

  • Fotografía: no hace falta renunciar a una buena cámara; el procesado en este rango es muy bueno y arregla las debilidades del hardware.
  • Madurez: no son un experimento. Estos móviles no tienen componentes delicados o en tendencia, lo que implica cero problemas, ya sean de sobrecalentamiento, batería o diseño.
  • Longevidad: con las nuevas políticas de updates, no es un producto con fecha de caducidad. Este, quizá, sea el cambio más reseñable. Y he de mencionar que, en algunos fabricantes, todavía tiene margen de mejora.

La industria necesita los titulares, los prototipos locos, las baterías exageradas y los precios de cuatro cifras para seguir girando. Pero el usuario inteligente (y que no quiere/puede gastar tanto) sabe que la compra ideal está unos escalones más abajo. La gama media está en un estado de forma excelente, heredando lo mejor de sus hermanos mayores sin sus precios ni riesgos. Y mientras eso siga así, yo lo tengo claro: que experimenten (y gasten) otros, yo me quedo aquí.

Imagen de portada | Composición con imágenes de Ricardo Aguilar y Pepu Ricca para Xataka

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