La guerra comercial entre Estados Unidos y China acaba de cobrarse una víctima colateral en suelo europeo. El Departamento de Comercio de EEUU ha anunciado un acuerdo de liquidación por el que la alemana Robert Bosch GmbH pagará una multa de 36 millones de dólares debido a la venta no autorizada de componentes a la china Huawei.
Este castigo evidencia que el blindaje comercial impuesto por Washington tiene tentáculos que alcanzan de lleno a grandes proveedores occidentales. Y lo más llamativo del caso es que la propia firma con sede en Stuttgart fue la que confesó el desliz tras detectar irregularidades en sus registros, justo en el periodo en el que la empresa china sufría el momento más asfixiante del veto norteamericano.
Imagen: Huawei
El origen. Según los datos oficiales publicados por la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) de EEUU, las filiales de Bosch exportaron de forma ilegal un total de 72.369.361 dólares en productos tecnológicos. En concreto, sensores con tecnología MEMS y módulos de software para telefonía móvil.
Al estar Huawei incluida en la Entity List de EEUU, cualquier corporación extranjera que emplee tecnología de origen estadounidense para el desarrollo de sus productos tiene prohibido suministrarle material sin una licencia de autorización que se debe solicitar con anterioridad.
Confesión. El pacto alcanzado entre las autoridades norteamericanas y la firma alemana se ha cerrado gracias a que esta cooperó con la investigación tras presentar una notificación voluntaria. La compañía alegó en un comunicado que estas violaciones fueron "involuntarias", y precisamente gracias a esta transparencia, el Departamento de Justicia ha decidido archivar la investigación sin presentar cargos penales.
Como parte del acuerdo, Bosch devolverá unos 3,6 millones de dólares de los beneficios obtenidos por estas transacciones, una cantidad que se le restará como crédito de la penalización total de 36 millones.
Contexto. Esta multa millonaria sale a la luz en un momento en el que las restricciones de Washington parecen haber causado el efecto contrario al deseado. Lejos de hundirse, Huawei ha reaccionado fuerte, acelerando marchas hacia sus planes de soberanía para dejar de depender de Occidente. Mientras Bosch le vendía componentes en secreto y ayudaba a su crecimiento, la tecnológica china se dirigía a convertirse en una maquinaria de investigación y desarrollo interno.
Independencia de China. Los análisis de componentes internos de los últimos dispositivos de Huawei confirman que la autosuficiencia es una realidad tangible: casi el 60% del valor de las piezas de móviles como los Huawei Mate 70 Pro y Pura 80 Pro ya provienen de proveedores nacionales, frente al escaso 19% que registraban en 2020.
Para sustituir el hardware extranjero, la marca ahora utiliza pantallas OLED de BOE, memorias RAM de ChangXin, almacenamiento de Yangtze y chips Kirin fabricados por la local SMIC. Incluso en el apartado fotográfico, cuenta con un socio muy importante: SmartSens.
Aviso a navegantes. La sanción a Bosch funciona como un recordatorio de que EEUU no va a aflojar la vigilancia sobre las cadenas de suministro internacionales. Aunque Huawei diseña de forma independiente sus propios módems, sistemas multimedia y chips inteligentes para gestionar paneles táctiles y más circuitos internos, los suministros de empresas europeas durante el embargo fueron un elemento más del panorama.
Bosch ya ha confirmado que ha endurecido con severidad sus programas de cumplimiento comercial para evitar futuros deslices, mientras que Huawei sigue tachando de su lista los últimos componentes que le quedan por sustituir.
Imagen de portada | Composición con imágenes de Xataka y Wikimedia Commons
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