Durante años, la batería ha sido la asignatura pendiente de los plegables de Samsung. El Fold se ha ido adelgazando generación tras generación mientras su autonomía apenas se movía, atrapada en torno a los 4.400 mAh. Con el Fold8 y el Fold8 Ultra, la compañía ha decidido romper ese techo, y lo ha hecho cambiando la química interna de la batería, no solo su tamaño.
La palabra clave este año es silicio-carbono. Conviene entender bien qué significa antes de valorar si el salto merece la pena, porque no es simplemente más batería: es una forma distinta de aprovechar el mismo espacio físico.
Qué cambia realmente dentro de la batería
Las baterías de iones de litio convencionales usan grafito en el ánodo, el polo negativo donde se almacenan los iones durante la carga. El silicio permite alojar muchos más iones que el grafito en el mismo volumen, lo que en teoría dispararía la capacidad.
El problema histórico es que el silicio se expande al cargarse, lo que degrada la celda con rapidez. La solución que ha adoptado la industria, incluida Samsung, pasa por combinar silicio con carbono para estabilizar esa expansión sin renunciar del todo a la ganancia de densidad energética.
El resultado práctico es que se puede meter más capacidad en el mismo hueco, o mantener la misma capacidad en un cuerpo más fino. Samsung ha optado por lo primero en los dos Fold: el Fold8 Ultra pasa a 5.000 mAh frente a los 4.400 mAh del Fold7, y el Fold8 se queda en 4.800 mAh.
El Flip8, por su parte, mantiene los 4.300 mAh de su antecesor, ya que en este modelo Samsung ha preferido aprovechar la ganancia de densidad para afinar el grosor del chasis en lugar de subir capacidad.
Por qué importa especialmente en un plegable
En un móvil convencional, meter una batería más grande suele significar sacrificar grosor o peso. En un plegable, ese margen es todavía más estrecho: la bisagra, la doble pantalla y la propia mecánica de plegado ya se comen buena parte del espacio interno disponible. Por eso la tecnología de silicio-carbono tiene especial sentido aquí: permite ganar autonomía sin que el Fold8 Ultra deje de presumir de sus 4,1 milímetros de grosor una vez desplegado.
Conviene ser prudente con las expectativas, eso sí. El salto de 4.400 a 5.000 mAh en el Fold8 Ultra supone un incremento superior al 13 %, una mejora notable, pero no milagrosa. En el día a día, la diferencia debería notarse sobre todo en jornadas de uso intensivo con la pantalla grande desplegada, donde antes el plegable solía quedarse corto antes de llegar a la noche.
Samsung llega después que otros fabricantes, pero lo hace donde más sentido tenía hacerlo primero: en la familia con menos margen físico de todo su catálogo. Quien quiera entender el resto de tecnologías de batería que conviven hoy en el mercado móvil puede repasar la comparativa completa entre las distintas químicas disponibles.
Lo lógico, visto lo visto, es que esta tecnología no se quede solo en los plegables y acabe llegando también a la próxima serie Galaxy S. La pregunta ya no es tanto si Samsung dará ese paso, sino cuándo.
Imágenes | Xataka con edición
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