A partir del próximo 20 de mayo, una parte de la historia de los ebook quedará desconectada. Amazon ha comenzado a enviar correos electrónicos a los usuarios de sus lectores más antiguos informándoles de que sus dispositivos perderán el soporte y el acceso a la tienda digital Kindle. Esta medida afecta a todos los modelos lanzados en 2012 o antes, lo que incluye al Kindle original, DX, Keyboard y Paperwhite de primera generación. Aunque el mail de la compañía arranca con un agradecimiento a sus clientes más fieles, la noticia encierra un amargo recordatorio.
A pesar de que la excusa de Amazon pueda ser razonable —hablamos de mantener servicios funcionando en un hardware que tiene 15 años—, la decisión reabre de forma inevitable el debate sobre el ecosistema digital. Un libro de papel de hace un siglo funciona exactamente igual hoy que el día que se imprimió; un libro electrónico, en cambio, está a merced de las decisiones corporativas de la plataforma que te lo vendió. Y ahora, quienes no apuesten por un Kindle más nuevo, perderán el acceso a los libros que durante años adquirieron con su dinero.
El fin de la tienda y no del dispositivo. Para ser rigurosos, debemos decir que los Kindle afectados no se convertirán en pisapapeles, pero perderán su función principal. Los usuarios ya no podrán comprar, tomar prestados ni descargar nuevos títulos desde el dispositivo.
Los libros que estén en la memoria seguirán pudiendo leerse, y el ebook admitirá como hasta ahora la transferencia de archivos a través de un cable USB y un PC (usando software como Calibre). No obstante, si el propietario decide restablecer el Kindle de fábrica o desvincular su cuenta, las obras se perderán.
La biblioteca infinita es una ilusión. El modelo de negocio del Kindle es el sistema de suscripción de hardware más limpio jamás creado por Amazon. Cuando compramos un dispositivo de la firma americana, compramos la promesa de adquirir libros para siempre. Los que sigan usando un Kindle de 2012 no lo hacen por ignorancia, sino porque el aparato sigue cumpliendo su función perfectamente. Al desconectar la tienda, Amazon nos hace un recordatorio sobre las compras digitales: son temporales y caducan, en este caso, cuando la empresa decide que el hardware no se puede seguir manteniendo.
Hardware obsoleto vs contenido efímero. Conviene hacer una distinción importante: cuando compramos una película en Prime Video y esta desaparece de nuestra biblioteca, estamos sufriendo una pérdida de contenido dictada por licencias de distribución. El caso de los Kindle tiene un matiz distinto: los libros comprados siguen estando disponibles en la nube. Lo que Amazon se carga aquí es la infraestructura: cierra la puerta de entrada a la biblioteca por la que pagamos, obligando a comprar una llave nueva.
Comprar una licencia, no un producto. Este movimiento nos devuelve a la tragedia de los contenidos digitales. Cada vez somo menos propietarios de lo que adquirimos online. Ya sea en los videojuegos, donde tiendas como Steam avisan explícitamente de que adquieres una licencia revocable y no el juego en sí, o en la música y la literatura: el consumidor se ha convertido en una rredatario perpetuo. Poseer algo ya no es la norma, quizá de ahí venga también la vuelta de la fiebre por lo físico. La norma es alquilar el derecho a acceder al contenido.
Un "gracias" diseñado para vender. La despedida de los antiguos Kindle viene acompañada de un código de descuento del 20% y un crédito de 20 dólares para comprar un Kindle nuevo. Aunque sea disfrazado de cortesía, es un gesto que no deja de ser una estrategia comercial para empujar a los usuarios con mayor fidelidad hacia un nuevo ciclo de consumo y así sumar unos cuantos miles de lectores a un servicio muy rentable.
Imagen de portada | Xataka (editada)
En Xataka Móvil | Tanto los móviles como los eReaders han intentado dar un cambio radical a sus pantallas. Caminos diferentes, mismos resultados
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