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España y los SMS: el fin de una era
Móvil y sociedad

España y los SMS: el fin de una era

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Aquello de que los últimos serán los primeros a veces se cumple, y en algunos casos de manera bastante significativa. Hoy Benedict Evans hacía públicos los datos de Vodafone sobre el consumo de datos y el envío de SMS, y nuestro país se hace con la pole position encabezando el abandono del tradicional envío de mensajes cortos, desmarcándose de manera llamativa de otros países, como Turquía. Instant messaging killed the SMS?

Cada vez queda más lejos la época dorada de los SMS y, al menos a nivel nacional, es un servicio que queda restringido para determinadas campañas y comunicaciones así como para los usuarios de dumbphones o teléfonos sin tarifa de datos. ¿Qué factores pueden haber conducido a que España sea la campeona del abandono de este sistema de comunicación?

El establecimiento del smartphone

Los años han dado la razón a quienes apostaron por los teléfonos inteligentes y, aunque haya público que por reticencia o necesidad no los adquiera, se han convertido en la opción más habitual. De hecho, ya en 2013 el número de smartphones vendidos superó al de dumbphones a nivel mundial.

Podemos observar también que, aunque el porcentaje actual de los usuarios que no tienen tarifa de datos a nivel europeo (basándonos en los datos de Vodafone) tampoco es nada despreciable, queda patente a su vez una tendencia a aumentar los datos contratados, algo que plasma la creciente necesidad de conexión y consumo desde los teléfonos móviles.

Gráfico del consumo de megabytes por mes y usuario

A nivel de comunicación, el SMS ha ido quedando como la alternativa cara de intercambiar mensajes de texto (con el popular apelativo de “amigo caro” para aquel usuario con dumbphone o sin tarifa de datos). Aún con tarifas planas de SMS o incluir una cantidad de envíos gratuitos en la tarifa, al final no sale a cuenta.

La mensajería instantánea

El salto de la mensajería instantánea a los teléfonos móviles fue la clave para acelerar el olvido del SMS, tanto por las apps, gratuitas o de coste nimio, como por el que cada vez sea menos extraño encontrarse conexiones wifi, de modo que “los amigos caros” tienen otras opciones de dejar de serlo.

España es, de hecho, un feudo de WhatsApp, siendo el país europeo con más usuarios de este servicio. Los datos registrados entre 2012 y 2014 el pasado año dibujan la pendiente que conduce al tímido dato de SMS que registran el gráfico de Vodafone.

Se producen pues, a nivel mundial, un descenso estrepitoso del envío de SMS (un 66% menos en dos años) frente a un creciente porcentaje de mensajes enviados por servicios digitales (hasta un 75% en 2014) evidenciando cómo éstos van ganando el terreno ante la insostenibilidad de los mensajes cortos tradicionales.

El coste por SMS

Pese a la clara tendencia a la baja del servicio, tanto por obsolescencia como por sustitución, el hecho es que, a primera vista, llama la atención que haya esa desigualdad en la propia bajada. Es decir, que en el caso de Italia llegue a apreciarse un descenso agudo pero más gradual en el periodo analizado y, en el caso de España, ya se parta de casi del suelo.

Aquí serán dos los factores que más repercutan en que la tendencia sea más o menos marcada; por una parte influirá el porcentaje de teléfonos no inteligentes, normalmente más alto en mercados emergentes, y por otro el precio que las operadoras han dado a los SMS, y aquí vemos que en el caso de España no ha sido muy propicio a la supervivencia de esta mensajería.

Ya en 2011, diez países quedaban por debajo de la media europea de envío de SMS, entre los cuales destacaba España, con el precio por mensaje más alto del continente

Ya en 2011,cuando este servicio aún no había experimentado la caída más fuerte, las diferencias en la media de SMS enviados por mes diferían bastante entre los países europeos; frente a una media de 81,2 SMS por usuario y mes para Europa, diez países quedaban por debajo de los 50 SMS/mes-usuario, entre los cuales destacaba España, con 11 SMS/mes-usuario y el precio por mensaje más alto del continente (una media de 0,11 euros frente a la media europea de 0,022 euros).

Por otro lado, Turquía destacaba justo por lo contrario, con más de 200 SMS por mes y usuario, una tasa alta con respecto al resto que, si bien muestra un descenso en los datos que presenta Vodafone para los últimos 2 años, aún sigue quedando por encima de la media internacional (sobrepasando, de hecho, el dato de 2011 llegando a más de 300 SMS por usuario al mes en 2013).

Envío de SMS al mes hasta 2011

El futuro del SMS

El porvenir de estos mensajes de 160 caracteres y un coste “extra” no es nada halagüeño ni siquiera teniendo en cuenta las pocas bazas que le quedan, como la permanencia de los dumbphone o los organismos que hacen uso de este servicio para comunicaciones automáticas o masivas.

No hay que descartar que en España logremos ser los pioneros en enterrar a este servicio de mensajería si, como es de suponer, esa tímida barrita del gráfico sigue su tendencia a la baja hasta desaparecer.

Las operadoras españolas decidieron no seguir los pasos de sus homólogas internacionales con las tarifas

Las operadoras españolas decidieron no seguir los pasos de sus homólogas internacionales con las tarifas y, pese a haber existido bonos y tarifas planas para SMS, no fueron lo suficientemente compensatorias como para mantener el uso de esta forma de comunicación, ni como para frenar el azote que WhatsApp y otros servicios de mensajería (KakaoTalk, SnapChat, etc.) supusieron a nivel mundial, y lo seguirán siendo.

De hecho, el intento por popularizar el aún más caro MMS cuando los terminales ya permitían hacer este tipo de envíos fue aún más fugaz debido a que los smartphones y sus apps pisaron fuerte en este sentido aumentando la calidad y la comodidad de estos envíos con contenido multimedia olvidando el tener que pagar un mínimo de 0,60 euros por cada mensaje con foto.

Una vez más los números nos han dibujado algo que ya percibimos, una representación gráfica de la pérdida de una costumbre por sustitución de otra y ese “susto” que experimentamos al recibir un SMS. Unas siglas que viran irremediablemente a las que ponen fin a su propio panegírico.

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