El rastro digital que dejamos en nuestro móvil está transformando los métodos de inspección de la Agencia Tributaria. Aunque la preocupación de los usuarios suele centrarse en aspectos concretos como los límites a la hora de hacer transferencias a familiares, la realidad es que el escrutinio ha trascendido el ámbito financiero. En la actualidad, los inspectores pueden reconstruir nuestros hábitos de consumo, rutinas y relaciones personales apoyándose en la información que generan las apps instaladas en nuestro smartphone.
Así lo ha detallado el asesor fiscal Marc Cantavella, en una reciente entrevista concedida al canal de YouTube de Adrián Sáenz, donde explica cómo Hacienda cruza datos de decenas de plataformas para comprobar la residencia fiscal de los contribuyentes. La creciente sofisticación de estas herramientas de inteligencia convierte cualquier intento de simular una residencia en el extranjero en una apuesta de alto riesgo.
Análisis de Bizum y un historial entregado sin orden judicial
Uno de los frentes de investigación más exhaustivos se centra en el servicio de pagos móviles que es común para la banca española. Existe el mito generalizado de que los conceptos introducidos en las transferencias de Bizum carecen de importancia o que la administración solo vigila importes grandes.
Sin embargo, en expedientes de inspección, Hacienda analiza pormenorizadamente los destinatarios, la frecuencia y los mensajes adjuntos para deducir la red de contactos del contribuyente.
A través de este mapeo social, los inspectores logran argumentar dónde se ubica el centro de intereses del usuario (dónde están sus amigos o compañeros de ocio). Esta información se complementa a su vez con cruces de datos rutinarios, como las facturas de luz y agua, una táctica que el fisco emplea cuando busca imputar rentas por el uso no justificado de segundas residencias familiares.
El punto más revelador de los métodos de la Agencia Tributaria es la solicitud de información a los servidores de apps que todos usamos. Según Cantavella, plataformas como Glovo entregan el historial completo de pedidos, lo que permite a los inspectores demostrar de forma fehaciente que una persona ha estado en una dirección durante determinados días del año.
Imagen: El gringo photo para Pexels
La misma técnica se aplica a apps de deporte como Strava, donde cada carrera registrada con el GPS del móvil funciona como una prueba de geolocalización innegable; o plataformas como Resident Advisor, usadas para ubicar al usuario en eventos.
La entrega de estos historiales privados resulta muy sencilla para la administración, ya que, al no estar cubierto por el secreto de las comunicaciones, Hacienda no necesita solicitar una orden judicial para obtenerlos.
El cerco se cierra en todas direcciones. Al igual que el Estado ha endurecido sus criterios para embargar cuentas en neobancos y fintechs, su capacidad de rastreo ha alcanzado un nivel de precisión milimétrico. Como concluye el propio asesor fiscal, la tecnología deja muy poco margen a la ocultación, recordándonos una premisa básica: "Si quieres vivir en España, paga en España".
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