En los años 2000 había algo en el gesto de abrir y cerrar un teléfono de tapa que no tenía explicación racional. No era más cómodo que pulsar una tecla, no aportaba ninguna función extra y, sin embargo, abrir y cerrar el RAZR de Motorola con un golpe seco era uno de esos rituales cotidianos que la gente realizaba con una satisfacción difícil de justificar.
El formato flip no era sólo cuestión de diseño: era una actitud pero, cuando desapareció, lo hizo de golpe, arrasado por un rectángulo de cristal que cambió las reglas del juego de la noche a la mañana.
Lo que nadie anticipaba entonces es que ese formato sobreviviría. No en la forma original, sino reinventado, con materiales que en 2004 directamente no existían. Hoy el Galaxy Z Flip7 es uno de los plegables más vendidos del mundo y Samsung acumula el 64 % de la cuota mundial en ese segmento. Para entender cómo se llegó hasta aquí, hace falta volver atrás.
El RAZR y la era del teléfono como objeto de deseo
En 2004, Motorola presentó el RAZR V3. Las estimaciones propias de la compañía hablaban de vender entre 300.000 y 800.000 unidades. Acabaron siendo 130 millones en cuatro años, convirtiéndolo en el teléfono más vendido del mundo durante un par de ejercicios.
Motorola RARZ V3
Técnicamente, no tenía nada que otros teléfonos de la época no tuvieran. Lo que el RAZR tenía era forma: solo 13,9 milímetros de grosor cuando la competencia rondaba los 19, chasis de magnesio y aluminio, teclado retroiluminado bajo la tapa.
Era el teléfono de París Hilton, de Los Soprano, de cualquier personaje que en una serie necesitara transmitir que sabía lo que hacía. La gente lo compraba para sentirse de una manera concreta, no para mejorar ninguna prestación.
El agujero que dejó el smartphone
En 2007 llegó el iPhone y, en dos años, el formato de tapa desapareció prácticamente del mercado. No fue una decisión de nadie: fue que el paradigma cambió. La interfaz táctil necesitaba espacio, las aplicaciones necesitaban espacio, el contenido multimedia necesitaba espacio. Un teléfono que se cerraba sobre sí mismo y reducía su pantalla a algo decorativo pasaba a ser, de pronto, una solución a un problema que ya no existía.
Durante casi una década, el flip quedó relegado a nichos muy concretos: terminales básicos para personas mayores, mercados asiáticos con lógicas propias, piezas retro de coleccionista. Lo que nadie había calculado es que precisamente la pantalla grande, la razón por la que el formato había muerto, iba a ser también la razón por la que Samsung lo traería de vuelta.
Pantalla flexible: la pieza que faltaba
Para que el flip volviera a tener sentido en la era del smartphone hacía falta resolver un problema de física: una pantalla de 6 pulgadas no se puede doblar con cristal convencional.
Samsung llevaba años trabajando en paneles OLED flexibles, y en 2019 presentó el Galaxy Fold como primer intento comercial. Era un libro, no una concha, pero demostraba que la tecnología existía y que Samsung era quien la controlaba.
Samsung Galaxy Z Flip
El Galaxy Z Flip llegó el 14 de febrero de 2020 con una propuesta muy específica: coger ese avance y aplicarlo al formato que la gente recordaba. Pantalla de 6,7 pulgadas que se plegaba verticalmente hasta caber en un bolsillo de vaquero. Bisagra Hideaway diseñada para abrirse con un solo golpe de muñeca. Y, por primera vez en un plegable, cristal flexible en lugar de plástico, lo que cambiaba por completo la sensación táctil y la percepción de durabilidad.
Samsung lo presentó como el inicio de una nueva década de innovación móvil plegable. El eco del RAZR estaba ahí sin necesidad de nombrarlo: la misma compacidad al cerrarlo, el mismo gesto de abrirlo, la misma idea de que el teléfono puede ser también una declaración de intenciones. Pero con una pantalla que en 2004 era imposible fabricar.
El momento en que el mercado respondió
Los dos primeros años fueron más de exploración que de conquista. El Galaxy Z Flip original y el Flip 5G de 2020 vendieron, pero los números eran contenidos. El verdadero vuelco llegó en 2021 con el Galaxy Z Flip3 que cambió la ecuación de golpe.
Samsung vendió en el mes de lanzamiento del Flip3 más plegables que en todo 2020. Los envíos de ese año crecieron un 300 % respecto al ejercicio anterior. Y el 70 % de todos los plegables Samsung vendidos en 2021 eran de tipo concha, no de tipo libro. El mercado no solo respondió: eligió claramente qué formato prefería.
Samsung Galaxy Z Flip7
Desde ahí, cada generación ha ido afinando la fórmula. El Flip6 consolidó las cámaras y los materiales. El Flip7 llegó con siete años de actualizaciones garantizadas y una pantalla exterior de 4,1 pulgadas que convierte la cubierta en algo realmente funcional. Y con el Flip7 FE, Samsung ha dado el paso que termina de confirmar que el formato tiene largo recorrido: un modelo de entrada para quien quiere un plegable tipo concha sin el precio de novedad.
La misma lógica que llevó al RAZR a vender cien millones de unidades cuando bajó de precio, repetida veinte años después con pantalla flexible. El teléfono de tapa no murió. Solo esperaba a que alguien encontrara la manera de doblarlo de nuevo.
Imágenes | Manuel Naranjo, Xataka
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