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El escándalo de After school: de diversión a arma contra usuarios, padres y educadores

El escándalo de After school: de diversión a arma contra usuarios, padres y educadores
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Tras años de silencio digital, el cada vez más fácil (y mejor) acceso a la red y la posibilidad de publicar contenido tras un pseudónimo e incluso crearse una identidad ha facilitado que muchas plataformas sean en la práctica un megáfono virtual por el que gritar y disparar sin temer una respuesta ni tener responsabilidades. Más aún cuando desde el móvil tenemos acceso a toda una categoría de apps de mensajería anónima propiamente dicha. Mientras algunas murieron sin hacer ruido, otras siguen removiendo la actualidad como es el caso de After School por las consecuencias sociales que han derivado de su (mal) uso.

Hace un tiempo ya mencionamos qué estaba pasando tanto con esta app como con Yik Yak , otra app de función similar, y no parece que haya habido mucho cambio desde entonces. Como decíamos, el anonimato es algo con lo que resulta sencillo escudarse y evadir las consecuencias derivadas de la burla más inocente hasta de mensajes abusivos. La app de hecho no ha tenido un camino de rosas en su trayectoria en las tiendas de aplicaciones. ¿Qué pasa con After School y por qué sigue disponible?

Diversión, piropos y secretos: ¿una falacia?

After School nace en octubre de 2014 como un servicio destinado a estudiantes para enviarse mensajes anónimos y expresarse con libertad. Al utilizar la localización no limita las comunicaciones por geografía, pero sí facilita el poder comunicarte con estudiantes de tu centro o de tu clase. Un propósito que a priori no tiene nada de malo, de no ser porque desde un principio lo permitió todo y el ciber-acoso (cyberbulling) apenas tardó un mes no sólo en aparecer, sino en extenderse.

A principios de diciembre de 2014 en TechCrunch se hacían eco de las primeras denuncias por acoso escolar y destacaban lo que podía mejorar la app de cara a estos usos, como el hecho de que no tuviese (aún) la advertencia de uso para mayores de 17 años como sí la tenía Yik Yak (cosa que en parte tiene su lógica dado que el propósito inicial era que se usase en colegios e institutos). Anna Mendez, directora ejecutiva de la Asociación Nacional contra el Acoso (EE.UU.) se pronunciaba al respecto:

Hay cosas que no deberían llegar a las manos de los niños. Su nivel de desarrollo es inferior a los adultos. Físicamente, el lóbulo frontal de su cerebro no está desarrollado del todo, y ésa es la parte que les ayuda a tantear las futuras consecuencias de sus acciones. Al mismo tiempo están sus altos niveles de hormonas. Las dudas e inseguridades empiezan durante la escuela y el instituto, y es también cuando el acoso empieza a ser más violento.

No en mi store

A medida que se reportaban casos de acoso e incluso autoagresiones o mensajes con tendencias depresivas las protestas y peticiones iban surgiendo en Detroit y otras localizaciones del país, donde nació y se popularizó con facilidad. Fueron de hecho los propios estudiantes los que se movilizaron a través de plataformas como Change.org. Vemos por ejemplo la petición de Juliana Davis la cual (como podemos leer en la misma) logró su objetivo y la app fue eliminada de la App Store.

Algo que motivó a que Juliana tuviese el apoyo de otra estudiante, Elisabeth Long, para iniciar una segunda petición mediante la misma plataforma con un objetivo más amplio, incluyendo otras apps de mensajería anónima como Yik Yak. Ambas dirigidas a las compañías que han permitido que estas apps figuren en su tienda, si bien en este caso aún les quedan miles de firmas para lograr su objetivo.

En ambos casos las estudiantes afirman que el uso de estas apps ocasiona comportamientos inadecuados como abusos o amenazas. Algo que saben de primera mano al ser ellas mismas estudiantes, y piden que haya una mayor regulación por parte de las compañías a la hora de aceptar estas apps en sus tiendas.

After School

Prueba de ello fue que efectivamente After School fue retirada como decíamos de la App Store (y no de la Play Store de Google) por parte de la compañía y no por parte de los propios desarrolladores como se dudó en un principio, especificando qué elementos de la política de la Store infringía la app:

14.1 — Cualquier app que sea difamatoria, ofensiva, fomente la infamia a una persona o grupo será retirada. 16.1 — Las apps que presenten contenido demasiado objetable o grosero será retirada.

Como el ave Fénix

After School no murió, sino que se sumió en un letargo de unos 3 meses en el cual se adaptó a las exigencias de la Store y de sus usuarios (o sus tutores). Y no fue hasta el mes de abril de 2015 cuando la app volvió a la tienda de apps de Apple, tras habilitar una moderación de los posts antes de ser publicados, además de un sistema de detección de palabras clave (ofensas, insultos, etc.) y un soporte en directo para los posts con indicio de depresión o autoagresiones.

Cuando la app volvió a estar disponible, Cory Levy (cofundador) aseguró que psicólogos, educadores y expertos en seguridad de internet habían trabajado en esta nueva bandeja de seguridad automática, de modo que cuando se detecte una amenaza el sistema avise tanto a la escuela como a la policía. También crearon FIRST (Fastest Internet Response System for Threats, sistema de respuesta rápida por internet para amenazas), de modo que los monitores pudiesen avisar en cuanto detectasen comportamientos indebidos en la app y se alertase a las autoridades y al centro escolar.

¿Lograron las modificaciones acabar con el problema y tranquilizar a los usuarios y a los tutores? Ni mucho menos

Desde entonces en la descripción de la app en las tiendas de aplicaciones figura la advertencia de uso por edad, además de la afirmación obvia de la tolerancia cero al acoso o comportamientos inadecuados similares. Así, las descargas han seguido sucediéndose desde esta reincorporación (si bien la app siguió funcionando independientemente mientras no estaba disponible para descarga). ¿Lograron las modificaciones acabar con el problema y tranquilizar a los usuarios y a los tutores? Ni mucho menos.

Descargas de After School en Estados Unidos

Hecha la ley, hecha la trampa

Probablemente Anne Mendez pensó algo así tras la reincorporación de la app, de modo que los niños y jóvenes volvían a tener acceso a algo para lo cual según ella, su asociación y otros colectivos no estaban preparados ni física ni psicológicamente. La hemeroteca ha seguido inflándose de artículos sobre abusos y quejas hasta de hecho estos días, por lo que al parecer ni siquiera esos sistemas de notificación a autoridades son suficientes para pararlos.

No hay un número claro de usuarios en este caso (sus creadores indican el intervalo tan poco preciso de entre 2 y 10 millones de estudiantes), pero según leemos en el Washington Post la app se usa actualmente en un total de 22.300 centros escolares de Estados Unidos. Un artículo en el que recoge las declaraciones de una usuaria, Mya Bianchi (de 15 años), quien afirma que al principio la gente la usaba para decir "cosas bonitas y piropear", pero que esto pasó luego a ser acoso.

After School

Cuenta también el caso de una estudiante que posteó su número de teléfono y tuvo que cambiarlo tras recibir mensajes ofensivos. Algo que nos recuerda a lo que hablamos al tratar el tema del sexting en adolescentes, cuando en el artículo de nuestros compañeros de Magnet hacían referencia a que ya no sólo es el hecho de que alguien haga un mal uso directamente, es que desconocen las consecuencias del alcance de estas publicaciones porque para ellos parte de un juego.

Además está el hecho de que muchos padres no sean conscientes del fenómeno directamente, o que sí lo sean pero sus intenciones de saber por sí mismos en qué andan metidos sus hijos queden frustradas por los mecanismos de seguridad de la app. Ésta usa Facebook como fuente para asegurar que el usuario es un adolescente, de modo que si detecta que el perfil es falso y que se trata de un adulto lo bloquea (como medida de seguridad ante pederastas u otros peligros).

La guerra sigue y nadie se da por vencido

Tras la retirada, la vuelta y la continuidad de protestas y denuncias, sus creadores Cory Levy y Michael Callahan salen en defensa de su producto recordando su principal cometido y recalcando los beneficios que él ve a la app. Según Cory:

After School da a los adolescentes una oportunidad de expresarse sin preocuparse de reacciones violentas u otras repercusiones.

Afirma que la app es un nuevo modo para que los jóvenes puedan preguntar con tranquilidad y libertad aquellas dudas que de otra manera les resultarían incómodas gracias al anonimato, pudiendo atajar cuestiones personales que de otro modo pueden derivar en depresión y afrontando los retos diarios de la vida del adolescente. Matiza que es una alternativa necesaria a Facebook o Instagram al poder construir sus identidades digitales de manera más real al afrontar sus problemas.

Callahan, por su parte, ve incluso un potencial terapéutico a su creación:

La gente tiene la necesidad de tener un espacio donde poder comunicarse sin ser juzgado, donde hablar libremente.

Unas declaraciones que parecen omitir la realidad de quejas que hemos visto previamente sobre insultos y ofensas (reportando incluso casos de intentos de suicidio) por parte de los propios usuarios y los padres. A este respecto en AL.com recogen algunas recomendaciones para padres y educadores dado que la app sigue siendo activa y estando disponible para descarga:

  • Gestionar qué apps tienen descargadas sus hijos mediante las limitaciones de cuenta (cuentas restringidas, cuentas de familia, etc.)
  • Los padres pueden añadir una contraseña de acceso y configuración en la propia app de After School.
  • Los colegios pueden bloquear la app.
  • Aconsejar a los adolescentes sobre cómo actuar ante el acoso y animarlos a que contacten con un adulto si la situación pasa a un plano no conveniente o peligroso.
Estas apps siguen activas mientras se da el tira y afloja entre usuarios satisfechos y detractores, columpiándose entre la libertad de expresión y el que la ayuda pase a ser arma al caer en malas manos

Ya vimos unas recomendaciones similares cuando hablamos de YouNow, una app de streaming en directo que también estaba causando la preocupación de los padres. Apps que por el momento siguen activas y permanecerán así mientras se da el tira y afloja entre usuarios satisfechos y detractores, columpiándose entre la libertad de expresión y el hecho de que lo que es ayuda pase a ser arma cuando cae en malas manos. Veremos si resisten tal cual o si con el cúmulo de protestas vuelven a retirarla temporal o definitivamente.

Enlace | After School
En Xataka Móvil | De vicio adolescente a terror de los padres: ¿qué ha provocado el boom de YouNow?

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