Me siento un poco "especialito" al comentar que llevo años dependiendo de sonidos de lluvia y en general de la naturaleza para poder conciliar el sueño por las noches. Sin embargo, mi experiencia con las apps disponibles en Play Store, aunque decentes, siempre terminaba en frustración. La mayoría de estas herramientas pecan de lo mismo: o exigen una suscripción mensual por reproducir audios en bucle o están plagadas de anuncios.
Como ya comenté hace unas semanas, decidí cortar por lo sano y fabricar mi propia solución. Todo empezó cuando probé Google Stitch para trazar una interfaz de aplicación para el móvil, y materialicé la idea con Google AI Studio: en unos minutos tenía la app tanto en mi móvil como en el PC. Hoy quiero contar cómo es la experiencia de usarla cada noche y por qué ha supuesto un cambio en mi descanso.
Sin publi ni pagos: una rutina de sueño a la carta
La app funciona de una manera tremendamente sencilla. Al pedirle a la IA que siguiera el lenguaje de diseño de Google (Material 3 Expressive), me resulta muy natural navegar por ella; el cambio entre las apps que uso de normal en mi Android y la mía propia no tiene ninguna fricción ni visual ni funcional.
Cada noche, mi rutina se ha simplificado al máximo. Abro la app —y confieso que, aunque la IA me creó un widget, lo utilizo solo cuando me acuerdo— y elijo lo que necesito. Utilizo un set de sonidos combinados que ya tengo guardado en favoritos, o simplemente pongo un sonido individual si así lo prefiero esa noche.
Pero el acierto y lo que más valoro antes de ir a dormir, es que Gemini me incluyó un temporizador. Lo configuro, dejo el móvil en la mesita y me olvido. El reproductor hace su trabajo y los sonidos se detienen cuando ya he conciliado el sueño.
Para mí, la principal ventaja de haber tomado este camino de crear el software es la fluidez de la app y la ausencia de publicidad. Además, saber que puedo seguir mejorándola con mis propios deseo a base de prompts me da una sensación de libertad enorme.
He esquivado las fricciones de las apps gratuitas de las tiendas que, si bien acepto que tienen mejores sonidos y grabaciones más profesionales, al final siempre estropeaban mi experiencia. Vale que son servicios que cuestan dinero y se deben monetizar, pero en este caso siento que es algo muy sencillo como para abusar.
Ahora bien, no todo es perfecto: el mayor obstáculo que me estoy encontrando es renovar (y ampliar) la biblioteca de sonidos. Y al no saber programar, mi margen de maniobra es nulo: estoy atado a lo que la IA pueda hacer con el código y a mis capacidades para estructurar las peticiones.
¿Vale la pena el esfuerzo tiempo?
Acepto las lógicas concesiones que tiene una app hecha de principio a fin por IA. Es evidente que, bajo el capó, el código puede no ser el más optimizado y que no puedo competir con la biblioteca de audios de una app de pago.
Pero la realidad es que, para pequeñas cosas personales que resuelven un problema tan concreto, no está nada mal. La barrera de entrada al desarrollo de software propio ha desaparecido para el grueso de los mortales, y caer como un bebé por las noches sin que un banner me interrumpa mientras pongo el temporizador o cambio los sonidos es la mejor prueba de ello.
Imagen de portada | Pepu Ricca para Xataka Móvil
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