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La "evolución" era esto: caminar mirando al móvil es una nueva pauta según un estudio

La "evolución" era esto: caminar mirando al móvil es una nueva pauta según un estudio
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La incorporación del teléfono móvil a nuestras vidas (o más bien de los servicios a los que por él accedemos) ha modificado nuestros hábitos, nuestras relaciones e incluso acciones innatas como caminar. Y, por supuesto, there’s an study for that, concretamente en cuanto al desarrollo de una nueva forma de andar cuando atendemos al móvil.

Quizás a los investigadores de la Universidad de Bath (reino Unido) se les ocurrió realizar este estudio al exponerse continuamente a ser un “causante” de choques con otros viandantes que no miran al frente sino a la pantalla de su terminal pero ver que en la práctica al final no haya tanto choque.

El estudio se hizo con 30 personas de entre 18 y 50 años que se eligieron basándose en las condiciones de que fuesen propietarios de un terminal al menos un mes y que no se encontrasen bajo ningún tratamiento médico que pudiese causar mareos.

La dinámica fue la siguiente: los participantes recorrieron mientras tecleaban en sus terminales un escenario basado en una parte de centro de la ciudad de Bath en el que se veían con distintos obstáculos. Este espacio estaba dotado de un sistema de análisis de movimientos con cámaras que capturaban los movimientos de los participantes.

Para ello, éstos llevaban una serie de reflectores: dos en cada zapato, uno aproximadamente sobre la articulación entre el quinto metatarsiano y la falange, otro en el talón y dos en una banda elástica alrededor de la pelvis. Para marcar bien el tiempo de inicio y del final del recorrido, se colocaron fotocélulas en estos puntos.

Un Gran Hermano para vigilar tropiezos

Los sujetos se encontrarían en el recorrido los siguientes obstáculos, los cuales también tenían instalados reflectores para poder calcular tanto los cambios de velocidad como la manera de cada participante de sortearlos:

  • Un bordillo de unos 10 centímetros de altura (A)
  • Una pasarela de 2 metros de longitud y una altura de unos 10 centímetros (B)
  • Tres obstáculos al paso: de 20, 30 y 10 centímetros de altura y distintas longitudes y anchuras (C, D y E)
  • Maniquíes o dummies (F)
  • Plano del escenario simulado

    Se establecieron unos parámetros en base a los sensores y a los movimientos que se realizan en el desplazamiento para así calcular las variaciones de la manera de caminar en base a los registros de los mismos en la sesión de control y durante el test:

  • Recuento de pasos: el número de pasos realizados para esquivar el obstáculo.
  • Tiempo de los pasos: el tiempo que transcurre en el paso de un talón y otro.
  • Frecuencia de los pasos: el número de pasos por segundo.
  • Longitud del paso: la distancia entre la posición del marcador del talón en el momento que éste toca el suelo y el marcador del otro pie en el mismo momento.
  • Fase de doble soporte: el tiempo durante el cual ambos pies están tocando el suelo.
  • Altura con el obstáculo: la diferencia entre la coordenada vertical del marcador del quinto metacarpiano y la del obstáculo en el momento que dicha articulación llega al mismo.
  • Qué hicieron y qué comprobaron

    Para establecer una referencia control de la pauta de andado (sin distracciones), los participantes se familiarizaron con el recorrido caminando sin los terminales. Una vez establecido esto, el test se realizó en dos fases: primero los sujetos recorrerían el circuito respondiendo a preguntas desde el teléfono y en una segunda fase realizarían un test matemático desde un iPhone (con la app AB Math Lite 5.3).

    Lo que se vio desde un primer momento es que los recorridos en ambas fases del test duraban considerablemente más (en concreto, el recorrido control se realizaba en unos 19 segundos de media, mientras que si se atendía al terminal subía a 24-25 segundos). Tanto en la primera parte del test como en la segunda, la longitud de los pasos era menor que en el control (unos 10 centímetros menor), así como su frecuencia.

    Los pies pasaban más tiempo tocando el suelo y había más precaución a la hora de levantar el pie para superar el obstáculo

    Así, los pies pasaban más tiempo tocando el suelo (mayor duración de la fase de doble soporte) y había más precaución a la hora de levantar el pie para superar el obstáculo (es decir, un mayor distancia desde el metacarpiano con respecto a éste). La mayor alteración de la pauta de andar se vio ante los escalones y la plataforma.

    Como cabe esperar, la fase de doble soporte (los dos pies en el suelo) duraba más cuando se atendía al móvil, si bien a la hora de elevar los pies en prevención de la altura del obstáculo destacaba más en el primer test. Al atravesar la plataforma también se vieron claros aumentos del tiempo de recorrido frente al control, así como más pasos y más cortos.

    No ponemos el piloto automático ni con el móvil

    Móvil en la calle

    Lo que concluyen es que hay una alteración en nuestra manera de andar cuando se atiende en mayor o menor medida a la pantalla de terminal, pero que contrariamente a lo que se tiende a pensar, el número de impactos con los obstáculos no se incrementaría. Algo que choca con los resultados estadísticos que vimos acerca del aumento de choques por andar por la calle mirando al móvil.

    Coinciden pues con otros estudios previos que citan en que quienes andamos y miramos al teléfono móvil lo hacemos con una pauta de paso alterada siendo ésta más preventiva, la cual implica menor velocidad y más tiempo en cuanto al establecimiento de la posición los pies al encontrarnos un obstáculo.

    En cuanto a qué se prioriza desde nuestro sistema nervioso, el equipo de la Universidad de Bath lanzan la hipótesis de que tanto postura como pauta de andar se priorizan a las tareas o retos cognitivos que puedan haber (como el test matemático de la fase 2), es decir, que operarían a nivel subconsciente.

    Tanto la postura como el andar se priorizarían a nivel de sistema nervioso a otras tareas y retos cognitivos

    De este modo, los investigadores contradicen las conclusiones que Plummer y su equipo publicaron este mismo año acerca de que no había cambios en la manera de andar, aludiendo a que su recorrido era poco realista (sin obstáculos) y su muestra era menos significativa en cuanto a edad, así como destacar una carencia de literatura que el equipo de Bath suble coincidiendo de hecho con estos hallazgos previos.

    Así pues, concluyen que el mecanismo de andar no es una función completamente automática y se ve alterada con aspectos como la atención al terminal, sin que haya diferencias significativas en la pauta de pasos según la exigencia cognitiva de la tarea. Y esperan poder revisar estos resultados en un futuro usando tecnologías como el eye-tracking.

    Vía | PLOS One
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