Entregar su primer móvil a un menor es hoy una de las decisiones más complejas para las familias, porque no se trata solo de gestionar el tiempo que pasan frente a la pantalla, sino frente a los algoritmos diseñados para retener su atención. A esto se suma el desafío de predicar con el ejemplo en casa, donde los niños —según expertos— actúan por pura imitación frente a unos padres pegados al smartphone.
Desde Málaga llega una respuesta a este problema: el Pacto de Familias ha logrado agrupar a cientos padres con el objetivo de retrasar la entrega del móvil hasta los 16 años, la edad recomendada por la Asociación Española de Pediatría. Y María Vidal, neurorradióloga y una de las promotoras del proyecto, tiene claro dónde radica el conflicto: en la normalización de dar un teléfono a los niños sin asimilar la magnitud que ponemos en sus manos.
El peligro del "pack completo" y el éxito de la acción colectiva
Cuando el proyecto dio sus primeros pasos hace dos años, la propia Vidal confesaba que parecían "excéntricas por querer cambiar el mundo". El contexto no acompañaba: en Andalucía, el 74,1% de los menores tiene acceso a un teléfono sin restricciones. No obstante, la iniciativa ha cobrado cierta fuerza y Málaga ya es la quinta provincia con más acuerdos de este tipo registrados en España: suman 1.206 familias (a la hora de escribir el artículo) y tienen presencia en 155 centros educativos.
Municipios de la provincia de Málaga con más pactos
Según explica la doctora, el cambio de mentalidad pasa por reeducar a los adultos: “Lo que más nos ha costado es que la gente entienda qué significa darle un teléfono a tu hijo”. Para ella, un matiz importante es que entregar un móvil significa facilitar un "pack completo": no es lo mismo dar un dispositivo limitado a llamadas que uno que pueda navegar por internet o permita estar en redes sociales a cualquier hora.
Sin embargo, para que el pacto funcione y no genere un rechazo en los adolescentes, es importante una transición suave. A través de charlas y talleres, la asociación insiste en que no se trata de un "no rotundo", sino por permitir un uso progresivo, adaptado para cada etapa, sin privar a los niños de la vida social ni del contacto físico: "cuando los padres se dan cuenta de eso, los niños protestan menos", defiende Vidal.
Y al parecer, los efectos se están notando en el día a día de las aulas. Tras la instrucción de la Junta de Andalucía en 2023 para limitar el uso del móvil, los centros respaldan estos acuerdos porque les ayudan a resolver los problemas de atención y a reducir los partes disciplinarios que suelen llegar por hacer fotos o memes en horario escolar.
Por ahora, la victoria de este movimiento es emocional. Al conseguir que muchas familias se involucren, la presión social no es tanta. Los menores que acuden al colegio sin teléfono dejan de sentirse desplazados porque su situación es la norma y no la excepción.
“Son niños felices que no son señalados, porque hay gente en clase igual que ellos”, señala la experta. Una señal de que estamos cambiando el rumbo, aunque signifique empezar por nosotros mismos.
Imagen destacada | Composición con imágenes de Talks hrum y Andrey K en Unsplash
En Xataka Móvil | Qué móvil sin internet comprar en 2026: cuál elegir y modelos recomendados
Ver 0 comentarios