Recientemente, Telefónica ha vendido Movistar México al consorcio Melisa Acquisition por 390 millones de euros. Una operación que supone un inevitable broche tras más de dos décadas de actividad y una inversión de más de 3.600 millones de euros, donde lograron aproximadamente el 15% del mercado a pesar del monopolio que reina en el país mexicano.
Esta venta se convierte en un paso más de Telefónica en su huida de Latinoamérica y una de las consecuencias ha sido rescatar a Alfonso Gómez, hasta ahora presidente de Telefónica Hispanoamérica, como CEO de Movistar Plus+.
Entre líneas. Lo relevante de esta operación no es quién la ha comprado o la cantidad que se ha pagado de ella, sino lo que podemos leer entre líneas del estado actual del mercado de los operadores en México.
Este país tiene uno de los mercados móviles con una cuota de usuarios más concentrada. El pastel se reparte desigualmente, con Telcel, propiedad de Carlos Slim, imperando con casi el 58,7% de cuota, frente al 16,7% de Movistar y el 15,6% de AT&T. Las OMVs actualmente apenas suponen un 9% de cuota de usuarios, entre todas ellas.
El comprador. Ha sido el consorcio Melisa Acquisition, integrado por la plataforma tecnológica Oxio y un fondo de inversión, el encargado de poner el cheque sobre la mesa.
Su aspiración no es la de convertirse en el primer operador. Su objetivo simplemente pasa por gestionar toda la base conseguida por Telefónica con la esperanza de lograr algo más de margen que su anterior propietario, cuyo ARPU (ingreso medio por usuario) se situaba en 64,7 pesos al mes por cliente, muy por detrás de los 114,1 pesos de AT&T y todavía más distanciado de los 176 pesos de Telcel.
El contexto. Y esto es así, en parte, por una situación de desequilibrio que viene sucediendo desde que Telcel llegó al mercado. Lo hizo herendando tanto el músculo comercial como la infraestruactura y la base de clientes de Telmex.
Movistar no lo ha tenido fácil en todos estos años y en 2019 tuvo que devolver su espectro y sobrevivir gracias a la infraestructura de AT&T, lo que le dejaba muy poco margen de crecimiento.
De hecho, el propio AT&T, que cuenta con su propia infraestructura, no consigue arañar una cuota de mercado interesante y también estudia la posibilidad de vender su negocio, tras los pasos de Movistar.
Quién pierde. Movistar ha logrado dejar atrás un negocio que no era rentable ni en términos de base de clientes ni en términos de facturación. Y aunque esto va a suponer pérdidas contables importantes para el operador.
Sin embargo, el gran perdedor es el propio usuario mexicano, que se queda prácticamente indefenso frente a Telcel. Con AT&T como casi única salida, y teniendo en cuenta que la compañía también coquetea con el abandono del mercado, México ha perdido con Telefónica la posibilidad real de cambiar el tablero de juego.
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