La cadena de televisión coreana MBC emitió esta semana un reportaje que resume mejor que cualquier gráfico lo que está ocurriendo en la industria del semiconductor en Corea.
Empleados de concesionarios de alta gama y superdeportivos en Seúl explicaban ante las cámaras que una parte significativa de sus clientes son trabajadores de Samsung Electronics y SK Hynix.
Ferraris amarillos de fondo, pantallas con subtítulos que dicen que los empleados de estas empresas se han convertido en clientes habituales. El analista @jukan05, una de las referencias en X para seguir la industria tecnológica coreana, lo recogió en un tuit que superó las 524.000 visualizaciones en pocas horas.
La semana en que Samsung estuvo a punto de parar
El miércoles 20 de mayo, las negociaciones salariales entre Samsung Electronics y la coalición de sindicatos que agrupa a más de 89.000 trabajadores se rompieron definitivamente.
El Gobierno coreano había intentado mediar. El presidente Lee Jae Myung había publicado en X una declaración pidiéndole a las dos partes que llegaran a un acuerdo. La bolsa respondió con una caída del 3 % en las acciones de Samsung.
Imagen: Agencia EFE
La huelga estaba programada para 18 días, del 21 de mayo al 7 de junio. La propia unión estimaba que el paro podría costarle a Samsung unos 30 billones de wones en producción perdida, el equivalente a unos 20.000 millones de dólares. Un 40 % de la producción de la división de fundición ya se había parado en abril durante una concentración en la fábrica de Pyeongtaek con más de 40.000 trabajadores.
El punto central de la disputa no era el salario base. Era el sistema de reparto de beneficios: los sindicatos pedían que el 15 % del beneficio operativo se destinara a bonificaciones, con reglas claras y sin techo. Samsung ofrecía bonificaciones especiales condicionadas a que la división de chips superara 200 billones de wones en beneficio operativo entre 2026 y 2028.
El acuerdo de las tres de la madrugada
Imagen: Agencia EFE
A última hora del 21 de mayo, ya con la huelga técnicamente iniciada, el ministro de Trabajo Kim Young-hoon logró mediar un acuerdo tentativo. Los sindicatos lo suspendieron. Al día siguiente, las acciones de Samsung subieron un 6 %.
El acuerdo incluye un aumento salarial del 6,2 %, ayudas para la vivienda y bonificaciones especiales vinculadas a resultados: si la división de chips genera más de 200 billones de wones entre 2026 y 2028, el 10,5 % de ese excedente irá a los trabajadores. Parte en efectivo, parte en acciones de la empresa durante un mínimo de diez años.
Si Samsung cumple ese objetivo, el reparto entre los trabajadores sería de una magnitud que no tiene precedente en la historia laboral coreana. Eso explica los concesionarios llenos.
Cómo se llegó hasta aquí
Lo más llamativo no es el acuerdo en sí, sino el salto que representa respecto a donde estaba Samsung hace apenas dos años. La primera huelga de la empresa, en junio de 2024, fue un paro simbólico de un día protagonizado por 6.000 trabajadores que pedían un día adicional de vacaciones y un sistema de bonificaciones más transparente. Era la primera huelga en los 55 años de historia de Samsung Electronics.
Samsung fue durante décadas una empresa donde los sindicatos simplemente no existían. No era ilegal, pero tampoco era algo que la dirección fomentara. La cultura corporativa de Samsung se construyó sobre la idea del esfuerzo colectivo por el proyecto común, con la expectativa implícita de que la empresa recompensaría ese esfuerzo de formas que no necesitaban estar formalizadas.
Esa cultura funcionó mientras Samsung crecía y el tamaño del pastel aumentaba para todos. Lo que ha cambiado es que los trabajadores, especialmente los de la división de semiconductores, entienden ahora con mucha más precisión exactamente cuánto vale lo que producen.
Cuando tu producto tiene una gran demanda, la conversación sobre quién se queda con qué parte del valor generado cambia de naturaleza.
Los supercoches como síntoma
Que los empleados de Samsung y SK Hynix aparezcan en los concesionarios de Ferrari y Lamborghini en Seúl no significa necesariamente que vayan a comprar. Pero que sean clientela habitual, que los empleados de esos concesionarios los reconozcan y los identifiquen como grupo, dice algo sobre el nivel de riqueza acumulada por los trabajadores de los semiconductores coreanos, ya que este acuerdo puede reportarles una buena cantidad de dinero.
La industria del chip en Corea del Sur ha generado una clase de trabajadores técnicos altamente cualificados con salarios y bonificaciones que los sitúan en una categoría económica radicalmente diferente a la de sus padres (y más después de lo firmado hace unos días), que en muchos casos trabajaban en las mismas fábricas.
Que ahora obtengan participaciones en beneficios de 200 billones de wones y que mientras miren Ferraris, es el reflejo más claro de hasta dónde ha llegado esa transformación.
Imágenes | Dall-E con edición, Agencia EFE
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