Encender el móvil suele ser algo bastante rápido y directo: logo, vibración, pantalla lista. Apagarlo, en cambio, suele llevar más tiempo; parece como si se quedará pensándoselo y le costara despedirse. Puede ser chocante, porque la intuición nos dice lo contrario: si arrancar un sistema completo es complejo, apagarlo debería ser instantáneo.
Pero la realidad es que el apagado “lento” suele ser una buena señal. No es pereza por parte de tu Galaxy, es que está intentando cerrarlo todo de forma segura, sin dejar procesos a medias ni datos colgados. Dicho de forma sencilla: el encendido busca llegar cuanto antes a un estado usable; el apagado busca salir sin dejar nada roto.
Apagar no es cortar la luz: es cerrar el sistema con orden
Cuando apagas, Android no se limita a apagar la pantalla y cortar energía. Tiene que decirle a servicios y apps que se preparen para terminar, darles margen para cerrar operaciones pendientes y luego forzar el cierre de lo que no responda. En el propio código del sistema se refleja esa idea: primero se intenta un cierre ordenado de servicios antes de desmontar particiones, y si algo bloquea el proceso, se recurre a terminarlo de forma más agresiva.
Ese orden importa porque el teléfono no es solo “apps abiertas”. Hay procesos que están escribiendo cosas en segundo plano, actualizando bases de datos, guardando fotos, sincronizando mensajes o cerrando conexiones.
Escribir lo que falta y dejar el almacenamiento consistente
Aunque no lo veas, tu móvil está escribiendo continuamente en el almacenamiento. Mucho se queda en memoria caché por rendimiento y se vuelca cuando toca. Un apagado limpio suele forzar que se escriba lo pendiente y que los sistemas de archivos queden en un estado consistente.
Si se corta de golpe, el sistema puede arrancar luego, pero tendrá que “reconciliar” lo que quedó a medias mediante journaling y comprobaciones internas, y eso es justo lo que el apagado intenta evitar. Es la misma lógica que hace que un apagado brusco sea peor idea que uno normal, aunque el teléfono parezca sobrevivir sin drama.
Por qué el encendido puede parecer más rápido de lo que debería
Aquí hay truco psicológico y técnico. Psicológico, porque en cuanto ves la pantalla de bloqueo ya sientes que “ha arrancado”, aunque por detrás siga cargando servicios. Técnico, porque muchas partes del sistema están optimizadas para dar sensación de disponibilidad cuanto antes: primero lo mínimo para desbloquear, luego el resto en segundo plano.
En cambio, en el apagado no hay premio intermedio. O se apaga bien, o no se apaga.
Si tienes mucho en segundo plano, si hay una actualización terminando tareas, si hay una tarjeta externa con actividad o si alguna app se queda enganchada, el apagado puede alargarse. De hecho, el propio sistema contempla que a veces hay procesos que no cooperan y hay que insistir para cerrarlos antes de desmontar particiones.
Si esto pasa de forma exagerada cada vez, suele ser más un síntoma de alguna app o servicio que no está cerrando bien que un problema del teléfono en sí.
Imágenes | Manuel Naranjo
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