Actualizar un iPhone viejo a la última versión de iOS puede no ser una buena idea: estas son las razones

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Actualizar un smartphone es (casi) siempre una sabia decisión: nos permite disfrutar de las últimas novedades, corrige fallos de software e instala parches de seguridad. Sí, esa es la teoría y la recomendación general. Sin embargo, conforme nuestro iPhone va sumando años a sus espaldas, a veces toca pensárselo dos veces antes de pulsar el botón de actualizar porque aunque ganamos lo anterior (o parte), también hay letra pequeña: estas son las razones por las que no actualizar un iPhone viejo.

La batería puede durarte menos

En general, actualizar un iPhone antiguo con software nuevo implica más trabajo para los componentes, entre ellos el procesador y la batería, lo que se traduce en un mayor consumo de energía. Es cierto que por un lado una de las metas de diseño de software es mejorar la eficiencia energética, lo que implica hacer más con menos; pero por otro también las aplicaciones son cada vez más exigentes.

Si además tenemos en cuenta que las baterías de ion litio son un componente que se degrada con el uso y el paso del tiempo, por lo que ya no tiene la capacidad del inicio, como resultado es altamente probable que la autonomía sea menor per se y que la actualización contribuya a agilizar el proceso. De hecho, si tu teléfono ya tiene la batería notablemente deteriorada (salud inferior al 80%, es recomendable cambiarla).

Bateria


No vas a tener todas las últimas novedades

La primera en la frente: ves las funciones más innovadoras en la Keynote de Apple y se te ponen los dientes largos, pero luego instalas la última versión y descubres que no aparecen en tu teléfono.  Es una cuestión de hardware (quizás carezcan de los elementos que posibiliten la función) y problemas de compatibilidad.

Nuevas funciones y nuevos bugs

Cuando Apple lanza un nuevo sistema operativo, al igual que sucede con otros SO y dispositivos, también incluyen nuevos problemas que pueden empañar tu experiencia. Hablamos de bugs que han sobrevivido a las versiones de prueba y que con el paso del tiempo serán subsanados una vez detectados y lanzados los parches pertinentes, porque la realidad es que con una actualización se solucionan algunos errores y se introducen otros.

Aplicaciones que se cierran, problemas con la batería, caídas del Wi-Fi o el Bluetooth, cámaras que se quedan congeladas...son algunas de las últimas más recientes detectadas. Por eso merece la pena esperar un poco, hasta que otra gente (early adopters) la pruebe y haya margen para la depuración.

¿Qué pasa con el rendimiento?

En 2017 Apple confirmaba que ralentizaba los iPhone para alargar la vida útil de la batería, lo que se conoce como throttling, y lo hacía sin informar a sus usuarios y usuarias. Como resultado, al actualizar, el rendimiento de los teléfonos de Apple descendía notablemente. No ha sido la única marca en hacerlo. Como resultado, hay quien mira las actualizaciones con recelo.

Conspiraciones de throttling aparte, las nuevas actualizaciones del sistema operativo se realizan para el hardware más reciente, por lo que no funcionan igual de bien en dispositivos más antiguos. Ya hemos visto en el punto anterior que los sistemas operativos más nuevos, pese a optimizar su funcionamiento, van a consumir más recursos... pero tu teléfono es el mismo que hace un par de años.

La realidad es que el software nuevo funciona mejor con hardware nuevo, primero porque los teléfonos nuevos probablemente tengan una configuración más actual (por ejemplo la RAM) y segundo porque hay elementos del software diseñados para funcionar con características del hardware más nuevo.


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