Es un ciclo que se repite en tecnología y es inevitable: cuando renovamos nuestra conexión a Internet, la compañía nos pone un equipo nuevo y el antiguo acaba olvidado en un cajón. La primera tentación para darle una segunda vida suele ser conectarlo para mejorar la cobertura WiFi o aprovechar una de sus peculiaridades, pero quizá no sea tan aconsejable que acceda a internet si está descatalogado y no recibe actualizaciones de seguridad.
Ahora bien, es posible reaprovechar sus capacidades técnicas sin necesidad de ponerte en peligro. En esencia, un router es un dispositivo diseñado para dirigir el tráfico entre distintos equipos, por lo que no necesita tener acceso a la red para ser útil. Eso sí, antes de empezar con uno de estos proyectos, recuerda restablecerlo de fábrica, acceder a su configuración y cambiar el nombre y contraseña de la red WiFi que emitirá a partir de ahora.
Un servidor de archivos local tipo NAS
¿Tiene tu viejo router un puerto USB y soporta protocolos como SMB o FTP? Bingo, puedes convertirlo en un NAS de bajo coste. Basta con conectar un disco duro o una memoria USB al puerto del router para que cualquier dispositivo conectado a su red WiFi o Ethernet local pueda acceder a esos archivos.
Las velocidades de transferencia quizá no batan récords, pero es una muy buena forma de crear un repositorio local de documentos o un servidor multimedia. Además, al no estar conectado a internet, es un entorno perfecto para almacenar copias de seguridad de archivos sensibles, ya que será imposible que un tercero pueda acceder desde fuera de tu hogar.
Aislar tus dispositivos del hogar
Las bombillas inteligentes y otros dispositivos para el hogar como los que usan el protocolo Matter suelen ser el eslabón más débil en la seguridad de una red doméstica. ¿Qué remedio pueden tener? Pues bien, puedes conectar estos dispositivos al WiFi de tu viejo router sin acceso a internet. Esto permitirá controlarlos de forma local mediante tu teléfono —evidentemente cuando estés conectado a esa misma red—sin exponerlos. Eso sí, renunciarías a toda capacidad que dependa de la nube de esos dispositivos, como el control remoto desde fuera de casa.
Como un servidor de impresión inalámbrico
Puede que sigas usando una impresora antigua sin que sepas que tiene conexión WiFi: si es así y tu router viejo cuenta con un puerto USB en su trasera, no necesitas más para extender sus límites. En lugar de estar conectado a un único ordenador, toda la red podrá usarla para imprimir.
Configurando el uso compartido de impresoras en los ajustes del router, puedes vincular la impresora a su puerto USB. Y ya: de forma automática, todos los dispositivos que se conecten a la red local la reconocerán, y por ende, podrán enviar documentos a imprimir sin que estén conectados por cable.
Un switch para ampliar puertos Ethernet y jugar en LAN
Cada vez es más común que instalemos conexiones por cable en distintas zonas de nuestra casa para asegurar la máxima velocidad y menor latencia en cada rincón. En caso de que te falten puertos en la pared o en la zona del PC o una consola, un router viejo puede actuar como un simple switch para tener más conexiones Ethernet de forma local.
Vale que está limitado, pero es perfecto para organizar partidas en LAN con amigos en casa. Tanto los juegos clásicos como la mayoría de los modernos permiten crear servidores locales para jugar en multijugador a través del cable, sin depender de servidores y sus caídas.
Laboratorio de pruebas
Trastear con configuraciones de red o cambiar el firmware del router que trae por defecto es arriesgado: un error puede estropearlo todo y dejarnos sin internet durante días. Sin embargo, un router viejo y sin conexión es el campo de pruebas ideal para experimentar y aprender sin miedo a las consecuencias.
Puedes buscar a ver si soporta el popular OpenWRT. Esto sustituye el sistema de fábrica y desbloquea muchas funciones avanzadas y añadidos extra. Aunque siempre existe el riesgo de bloquear el dispositivo para los restos si algo sale mal durante la instalación, al ser un aparato que estaba olvidado, el riesgo merece la pena como experiencia.
Como hemos visto, la utilidad de un router trasciende su capacidad para darnos acceso a internet: antes de considerar ese viejo trozo de plástico con antenas basura, revisa su conectividad y especificaciones. Con un rato de cacharreo, puedes conseguir un servidor privado, un extensor de puertos o un escudo para tu domótica, y seguro que se te pueden ocurrir otras ideas.
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