Acabo de volver de un viaje con mi pareja y he tenido una revelación bastante alarmante. Creo que el analfabetismo digital ha mutado. Durante años, hemos pensado que el "analfabeto digital" era esa persona incapaz de enviar un WhatsApp o adjuntar un archivo en un correo electrónico. Ahora, con la sucesión de generaciones más preparadas, me he dado cuenta de que sin el móvil en la mano, yo soy el nuevo analfabeto funcional: incapaz de orientarme, de pagar o recordar el plan del día siguiente.
Externalizar nuestro cerebro al móvil. La sensación durante el viaje fue la de haber atrofiado habilidades que daba por sentadas. Recuerdo estar en una plaza desconocida, y en lugar de mirar a mi alrededor (carteles, indicaciones, o preguntar a alguien local) mi instinto automático es sacar el móvil. Mi cerebro ya no intenta activamente crear un mapa mental; simplemente espera la orden del punto azul de Google Maps.
No tengo la necesidad de orientarme, a pesar de que vaya a caminar por la misma zona en diferentes días. Es una dependencia absoluta, que se extiende a otros aspectos: no me sé el número de teléfono de mi madre (hace 15 años, recordaba todos los números de los fijos de mi familia y amigos). De hecho, en ese mismo viaje olvidé la cartera un día y no me importó lo más mínimo: todo mi dinero, mis tarjetas de embarque, tickets y entradas, estaban en el móvil. Mi compañera Eva sufrió algo similar tras apagársele el móvil en la M-30: "Con Google Maps las señales se vuelven invisibles".
La atrofia cognitiva es real. Este fenómeno no es solo una sensación, es algo que ya se está estudiando. Se le conoce como el "efecto Google": nuestro cerebro, sabiendo que la información es accesible, tiende a no memorizar el dato, sino a memorizar dónde encontrarlo.
El problema es que esta externalización de habilidades se extiende. La Generación Z, por poner un ejemplo, ha demostrado ser nativa digital en pantallas táctiles, pero muchos tienen serios problemas para escribir en un teclado físico sin mirar, una habilidad que puede ser básica incluso en el trabajo.
Sumémosle el temor a quedarme "offline". Esta dependencia genera una vulnerabilidad que va más allá de lo meramente funcional: es psicológica. Ver cómo el icono bajaba del 20% en mitad del día no me hacía pensar en "no puedo hacer fotos" sino que me hacía sentir un temor real a quedarme incapacitado para volver al hotel o pagar cualquier gasto imprevisto.
Más capaz, pero también más frágil. Lo vimos de manera más general en el pasado apagón de abril, cuando los datáfonos y la red móvil cayeron: provocó que muchas personas fueran incapaces de pagar en el supermercado o volver a casa. De repente, el "analfabeto digital" era el único funcional. Pienso que la comodidad me ha hecho más frágil. Por eso hablo de que el verdadero analfabetismo del siglo XXI es ser incapaz de funcionar si la tecnología falla, por muy experto que seamos usándola cuando sí funciona.
La IA agrava el problema. Como venía comentando, no se trata de no tener la habilidad para usar la herramienta, sino de no saber pensar sin ella, y la IA lo está mostrando. Estamos criando una generación que ya no sabe buscar en Google, porque confunde "preguntar a ChatGPT" con "investigar". El riesgo no es que la IA piense por nosotros, es que dejemos de saber cómo pensar, perder el criterio y la capacidad de análisis.
Aprender a desconectar. Esa es la nueva alfabetización. Este post no es un alegato antitecnología, faltaría más: el móvil es una herramienta prodigiosa. Es solo una llamada de atención producto de una experiencia propia, que quizá debamos trasladar a una nueva educación digital. Creo que el objetivo ya no debe ser solo saber usar una app, sino saber cuándo no usarla. Cultivar un uso consciente, recuperar habilidades y practicar el minimalismo digital quizá sea el camino para mí. La meta es que la tecnología siga potenciándome y apoyándome, pero nunca sea una prótesis sin la cual no sepa caminar.
Imagen de portada | Imagen de Iván Linares para Xataka Móvil
En Xataka Móvil | He dejado WhatsApp durante una semana para comunicarme solo con llamadas. Preveía un infierno y he descubierto algo más importante
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