Abrir una aplicación. Navegar por un catálogo de caras y nombres ‘random’. Dar ‘like’ (o no). Y esperar el ‘match’. Ligar por el móvil es algo que ya está totalmente normalizado: según Kaspersky, el 40% de los encuestados han usado alguna vez una app de citas. Pero después del boom de hace varios años, las tornas empiezan a revertirse. Cada vez pasamos menos tiempo en estas plataformas y lo que viene después de ese primer saludo nos empieza a dar mucha pereza. Si los millenials acogimos a las apps de citas como el Mesías, la Gen Z empieza a darles la espalda.
Parece fácil ligar por el móvil. Hasta que te hacen ‘ghosting’. Ligar por el móvil no solo tiene sus propias reglas y códigos, también su propio lenguaje. Más allá de la dopamina que se dispara al ver un ‘match’, hay todo un universo de emociones, no siempre positivas, que se esconden detrás del desilusionante ‘ghosting’ (cuando dejan de hablarte sin explicación) o el confuso ‘breadcrumbing’ (cuando aparecen de forma intermitente para mantener el interés sin llegar a implicarse más). Una lluvia de microdecepciones que gota a gota logran rebosar el vaso.
Cómo hemos llegado hasta aquí. La factura emocional es elevada. De la continua exposición al rechazo si no logras suficientes citas o, en el lado contrario, la sobrecarga emocional por tener demasiadas conversaciones abiertas, mantener un perfil en apps de citas requiere también, en cierto modo, de mostrar continuamente la mejor versión de uno mismo, algo que puede ser agotador y, desde el punto de vista psicológico, también algo dañino. El ciclo de ilusión y desilusión que parece no terminar nunca nos puede llegar a desgastar mucho emocionalmente, a afectar a nuestra autoestima y tener una visión superficial del amor, perjudicando también a las futuras relaciones que puedan llegar.
La Gen Z está cansada de las apps de citas. Ligar por Tinder o Grindr empieza a ser algo muy ‘millenial’. Según apunta Forbes, el 79% de la Generación Z se siente agotada por estas aplicaciones. Curiosamente, a pesar de su juventud, es la Gen Z la que más busca una relación a largo plazo (52%), frente al 52% de los ‘millenials’ o el 47% de la Generación X o los ‘boomers’.
El engaño tras una pantalla. A la hora de ligar, en persona o por una aplicación, todos hemos tratado de mostrar siempre nuestra mejor cara. Pero el móvil puede funcionar como amplificador de esto: es mucho más sencillo mentir, crear falsas expectativas y finalmente marcarse un ‘ghosting’ de campeonato que deja a la otra persona con una elevada factura emocional. Todo esto, unido a que a los más jóvenes cada vez les interesa menos conocer gente a través de una app de ligar, están abocando a las aplicaciones a números decrecientes de usuarios. Incluso, en los últimos años sus acciones se han desplomado.
La moda de ligar por el móvil, al menos tal y como la conocemos hasta ahora, está cambiando. Otra vez.
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