Mathame, DJ: "Es bueno poder vivir noches en las que simplemente te sumerges en la música, sin pensar constantemente en el contenido que vas a generar"

  • La necesidad de documentar cada instante para las redes sociales ha fragmentado nuestra capacidad de atención

  • Los psicólogos coinciden en que la ansiedad por la desconexión da paso a un estado de inmersión

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Pepu Ricca

Editor

No por repetirse resulta menos llamativo: las luces se apagan, suenan los primeros acordes y cientos de pantallas iluminan el recinto para registrar el momento con sus móviles. Esta escena casi mecánica, que ha llevado a provocar enfados monumentales como el de Enrique Bunbury, es el reflejo de una generación hiperconectada. Mientras el almacenamiento de los teléfonos se llena de vídeos, la conexión entre el músico y el espectador queda bloqueada por las cámaras.

Ante esta realidad, una corriente cada vez más visible dentro de la música está intentando poner freno a este hábito. Figuras como Phoebe Bridgers, Mitski, Bob Dylan o Jack White lideran estas quejas al que ahora se suma el dúo de techno melódico Mathame. Su premisa es rotunda: un concierto no puede ser un simple "contenido" diseñado para alimentar las redes sociales.

Se trata de recuperar el instante

Para Mathame, compuesto por los hermanos Amedeo y Matteo Giovanelli, prohibir los móviles en la pista no responde a marketing ni capricho: la decisión nace de una reflexión sobre la necesidad de recuperar el trance y el ritual del baile, argumentando que "es bueno tanto para nosotros como para la gente poder vivir noches en las que simplemente te sumerges en la música, sin pensar constantemente en el contenido que vas a generar".

Lejos de ir en contra de la tecnología, su propuesta busca generar un lugar seguro donde el ego pierda peso: "Queremos recuperar el espacio para el caos, la improvisación, el olvido y la poesía del momento. Sin juicios, sin pantallas y sin filtros. Solo la música y las personas".

Este pensamiento entronca de lleno con el cambio de paradigma que empieza a experimentar el sector del espectáculo y ocio. Hace poco conocimos las discotecas "phone-free": locales de Berlín o Ibiza sellan las cámaras de los smartphones con pegatinas e incluso utilizan fundas magnéticas para bloquear la grabación y crear un espacio donde todos puedan desinhibirse sin el temor a hacerse viral.

Obligar a guardar el dispositivo se está convirtiendo casi en la única vía efectiva para garantizar que la atención vuelva al escenario y los asistentes interactúen de forma natural. Y es que esto está llegando incluso a las bodas, con un rechazo generalizado de los invitados en el caso que contamos en Xataka Móvil.

Ahora bien, hay un obstáculo esencial a la hora de aceptar esta desconexión forzada: nuestra propia naturaleza social. Sin embargo, la ciencia avala la postura de estos artistas: limitar el uso continuo del móvil mejora nuestra salud mental y capacidad de atención en apenas dos semanas.

"Cuando estás pendiente de capturar el momento acabas convirtiéndote en una extensión del teléfono, en lugar de que el teléfono sea una extensión de ti."

Al final, la queja de los músicos plantea un debate mucho más amplio sobre la relación que mantenemos con nuestro tiempo libre. Ya no se trata de que podamos documentar cada paso que damos, sino lo contrario: el lujo en la actualidad sería poder ignorar el teléfono.

Sea como fuere, interrumpir la dinámica de encuadrar, enfocar y subir vídeos permitiría devolver todo el protagonismo a lo terrenal, a la experiencia presencial de acudir a un concierto o espectáculo. Y de paso, evitamos que el show termine diluido en una sucesión de clips destinados al olvido en la galería del móvil.

Imagen destacada | Composición con imágenes de Deezer y PxHere

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