A un lado del ring tenemos a tu móvil, esperando para la gran batalla. En el otro lado está tu cargador, tan motivado que llega al combate a tope de potencia. Faltan diez segundos para que dé comienzo, ambos contrincantes se acercan al centro del ring y saludan al árbitro. Tres, dos, uno… ¡Da comienzo la carga! ¿Cuál será el resultado definitivo?
Esta dramatización es más o menos lo que ocurre cada vez que conectas el teléfono para cargarlo: el cargador y el móvil negocian cuál es la cantidad de energía más adecuada que debe fluir desde el enchufe. Esta potencia de carga no es constante y depende de muchos factores a tener en cuenta. Y hay algo importante: por más que tengas un cargador de 120 W, eso no significa que finalmente alcance dicha cifra.
El estándar importa, la negociación más
Cargador de Huawei compatible con SuperCharge
Cuando conectas el cargador y el móvil se produce un intercambio de información entre ambos para asegurar el voltaje y el amperaje más adecuados (si multiplicas ambos valores obtienes la potencia). Esta pelea o negociación tiene en cuenta diversos factores con dos objetivos muy claros:
- Que la carga sea lo más rápida posible.
- Que todo el proceso se desarrolla con la máxima seguridad.
El cargador y el móvil lucharán por imponerse en ambos aspectos, velocidad y seguridad. De esa pelea saldrá el resultado: la cantidad de energía más adecuada para el momento.
El proceso de carga ni es uniforme ni lineal: comienza despacio, va creciendo rápidamente, hasta el 50-70 % suele dar lo máximo posible y después va reduciéndose hasta el 90 %, donde baja al mínimo para asegurar la vida de la batería. En cada instante los dos componentes clave de la batalla luchan por el valor de carga más óptimo. Y es algo que puedes ver en aplicaciones como Device Info: si vas al segmento de batería mientras la recargas, apreciarás cómo oscilan el voltaje y el amperaje; lo que hace oscilar la potencia resultante.
Si el móvil y el cargador son compatibles con el estándar que comparten, como Power Delivery, la pelea será menos intensa, ya que hablarán el mismo lenguaje y podrán ajustar la carga a valores óptimos para los dos. Si no se entienden, el móvil bajará la potencia que admite hasta lo más bajo posible, por lo general 5 W.
Incluso el cargador más potente sirve para un móvil que no cargue rápido: ambos se adaptarán a las necesidades conjuntas. Aunque puede ocurrir que no se entiendan y que los estándares de carga utilizados les haga imposible establecer la carga. A mí me ha pasado con varios teléfonos y el cargador rápido de Huawei, que usa su propio protocolo: SuperCharge. No es lo habitual.
Si no se entienden, lo pagas tú
Interior de un cargador de baja calidad: mucho cuidado con los cargadores baratos
Ya hemos visto que se vive una batalla constante en la carga y que el ganador no siempre está claro. Sí que lo está el perdedor: si no hay consenso en los valores de carga, vas a perder potencia en el proceso. Y con ella perderás tiempo, ya que la espera a que reviva el teléfono será mayor.
Tu móvil y tu cargador se bajan del ring tras haberse peleado durante una hora por imponerse en la dura tarea de trasladar la energía de un punto a otro. Ha sido un combate duro, caldeado, una pelea donde el tiempo terminó marcando el final. Aunque no es un punto final, sino un hasta luego: los dos contrincantes volverán al ring para repetir el combate.
Imagen de portada | Iván Linares
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