El lector de huellas de mi móvil falla mucho últimamente. He descubierto que no está roto: la explicación está en el ambiente

En invierno, el lector de huellas puede fallar más porque el aire es más seco, la piel pierde humedad y baja su conductividad

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Manuel Naranjo

Editor

En invierno me empezó a pasar lo mismo una y otra vez: apoyaba el dedo, el móvil vibraba, intentaba leer… y nada. Probaba otra vez, apretaba un poco más, cambiaba el ángulo. A veces entraba a la primera y otras parecía que mi huella hubiese caducado de un día para otro. Lo raro es que no era un fallo constante.

Lo primero que te viene a la cabeza es que el sensor está peor, que a la pantalla le pasa algo o que has registrado mal el dedo. Y luego te das cuenta de un patrón muy tonto: ocurre sobre todo cuando vienes de la calle, cuando has estado con las manos frías o cuando el ambiente está seco y notas la piel más áspera.

La buena noticia es que no es sugestión. La mala es que no siempre lo arreglas tocando ajustes. La explicación está en algo muy simple: un lector de huellas no solo mira tu dedo, también depende de cómo se comporta tu piel con la temperatura, la humedad y la conductividad.

¿Qué le ocurre a tu dedo cuando hace frío?

El frío trae dos efectos bastante traicioneros. El primero es que el aire suele tener menos humedad y la piel se reseca con facilidad. Cuando la huella está más seca, puede haber menos contraste entre crestas y valles, y la imagen que capta el sensor sale más pobre, como si le faltara definición.

El segundo efecto es fisiológico: con frío baja el riego sanguíneo superficial porque el cuerpo prioriza conservar calor. Eso también influye en la conductividad de la piel, que es uno de los ingredientes que hacen que algunos sensores funcionen mejor o peor según el estado del dedo.

Por eso el fallo es tan intermitente. No es que el móvil “se rompa” en invierno. Es que tu dedo no siempre llega al sensor en las mismas condiciones.

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Por qué algunos sensores fallan más que otros

Aquí importa el tipo de lector. Los sensores capacitivos, típicos en botones o en la parte trasera de muchos móviles, trabajan midiendo cambios eléctricos muy pequeños al tocar la superficie. Si la piel está muy seca, esos cambios pueden ser menos claros y el lector se vuelve más quisquilloso.

Los lectores ópticos bajo pantalla se apoyan en una captura de imagen iluminando el dedo y también pueden sufrir si la piel está reseca, agrietada o con menos contraste. 

Los ultrasónicos, en teoría, tienen ventajas porque “sondean” la huella con ondas y se ven menos afectados por ciertas condiciones, pero tampoco son invencibles: si el dedo está muy seco o la piel cambia, puede aumentar el número de intentos.

Además, muchos lectores dependen de que apoyes el dedo con una presión y un contacto razonables. Con frío, la piel puede estar más rígida y el apoyo es peor, así que el sensor recibe una lectura más borrosa.

Humedad, sudor y el equilibrio incómodo

Aquí viene la ironía: si la piel seca falla, podrías pensar “pues humedezco el dedo y listo”. A veces funciona, pero el exceso también puede fastidiar la lectura, sobre todo en ópticos o en superficies donde el agua crea reflejos o altera la captura. La humedad de la piel influye en el rendimiento biométrico y algunos sensores se comportan peor cuando el dedo está demasiado seco.

Por eso el punto ideal suele ser una piel normal, ni acartonada ni mojada. En invierno, ese equilibrio se rompe más a menudo.

Qué hacer cuando el sensor se pone tonto con el frío

Si quieres una solución que funcione de verdad, lo más útil es atacar la causa, no el síntoma. Calentar el dedo unos segundos antes de desbloquear ayuda más de lo que parece, porque recuperas contacto y conductividad. Limpiar la zona del sensor también suma, ya que en invierno usamos más bolsillos y guantes, y la suciedad fina empeora la lectura.

Otra idea sorprendentemente efectiva es registrar de nuevo la huella en condiciones de invierno. Tu dedo no se comporta igual con calor que con frío, y si registras una huella cuando la piel está más seca, el sistema puede reconocer mejor ese “estado” durante la estación. Esta recomendación lleva años circulando precisamente por ese motivo.

Y si tu móvil ofrece opciones como aumentar la sensibilidad táctil o mejorar el reconocimiento bajo pantalla, merece la pena activarlas durante los meses fríos, porque a veces el problema no es tu huella, es el margen de tolerancia que está usando el sistema.

Imágenes | Manuel Naranjo

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