Que un móvil se venda bien es una cosa. Que siga encendido y en uso años después es otra muy distinta. Ahí es donde se mide la vida real de una marca, porque no cuenta solo la campaña ni el lanzamiento, cuenta si la gente se queda, si renueva dentro del mismo ecosistema y si el teléfono sigue cumpliendo sin desesperar al usuario.
Y en ese termómetro, Samsung acaba de marcar un número que no es postureo de nota de prensa: ya hay más de mil millones de smartphones Galaxy activos en todo el mundo. No hablamos de unidades enviadas ni de ventas históricas, sino de móviles que hoy siguen funcionando en bolsillos, coches y sofás.
En paralelo, no deja de ser curioso cómo Samsung está afinando su estrategia para que el día a día pese más que el dato bruto de hardware, algo que se ve también en la idea de ganar autonomía con optimización en lugar de obsesionarse con los mAh.
Qué significa un móvil activo y por qué este dato importa más que las ventas
Un dispositivo activo es, básicamente, un móvil que se está usando. Puede ser el principal, el secundario, el que se hereda en la familia o el que se queda como teléfono de trabajo. La diferencia con los números de ventas es enorme: vender te dice qué pasó en caja; tener un parque activo gigante te dice qué pasa después, cuando llegan las actualizaciones, el desgaste de batería y el día a día.
Por eso este hito tiene tanta chicha. Con un ecosistema tan grande, cualquier decisión de Samsung se multiplica: un cambio en One UI, una política de actualizaciones o incluso un ajuste de seguridad afecta a una base enorme. Y ahí también se entiende que la compañía se esté tomando muy en serio el encaje con normativas y mercados como Europa, donde el peso del negocio es considerable y obliga a afinarlo todo.
Mil millones de Galaxy activos
El dato viene de un análisis de Counterpoint Research: Samsung supera el umbral de los 1.000 millones de smartphones activos. Además, el contexto es interesante: Samsung queda por detrás de Apple en base activa global, y entre ambas suman más del 44 % de todos los smartphones activos del planeta.
La lectura práctica es clara: Samsung no solo vende mucho, también mantiene muchísima gente dentro. Parte es gama alta, sí, pero aquí manda el volumen silencioso: la familia Galaxy A, móviles que se compran por precio razonable y acaban durando más de lo que parecían en la tienda. Y cuando un A de hace dos o tres años sigue sirviendo, ese usuario es el que más fácil renueva por otro Galaxy.
Hay varios factores que empujan esta cifra.
- El primero es el catálogo: Samsung lleva años cubriendo todos los precios y tamaños sin dejar huecos raros.
- El segundo es algo menos visible, pero decisivo: la continuidad. Si vienes de un Galaxy, cambiar a otro suele ser fácil: mismo estilo de interfaz, mismas apps clave, y una sensación de “sé dónde está todo” que pesa más de lo que parece.
- El tercero es la estrategia reciente de experiencia: menos obsesión por un número y más por cómo se siente el móvil a los seis meses. Es el mismo enfoque que se está viendo en otros temas de la marca, como priorizar optimización de batería frente a competir a lo loco por cifras gigantes.
Con una base de este tamaño, Samsung tiene dos ventajas y un riesgo. La primera ventaja es evidente: escala. La segunda es la fidelidad por costumbre: cuando todo te funciona como lo recuerdas, cuesta menos repetir marca.
El riesgo es el reverso: cualquier tropiezo se amplifica. Una actualización problemática, una app preinstalada pesada o una decisión impopular no se queda en un nicho, afecta a millones.
Imágenes | Nano Banana con edición, Xataka, Counterpoint
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