Probablemente tengas por casa algún cargador con el puerto USB-A de un color extraño, como rojo, verde e incluso morado. Durante años, el color del puerto USB era un código universal que nos ayudaba a saber su velocidad. Esa era ha terminado. La llegada de las tecnologías de carga rápida de los smartphones y las estrategias de marketing de los fabricantes han reventado el estándar.
El código de color original. Hubo un tiempo en que todo era simple. La organización USB-IF (el organismo regulador), estableció un código visual claro:
- El puerto blanco era para el lento USB 1.x (hasta 12 Mbps)
- El negro para el omnipresente USB 2.0 (480 Mbps)
- Y el azul para el USB 3.0 (5 Ggbps)
La primera confusión. Esa vino por los puertos de carga «Always On». El estándar empezó a complicarse cuando los fabricantes de PC usaron colores para indicar funciones de energía y no solo de datos. Así, los puertos amarillos, naranjas y rojos aparecieron para señalar que el puerto sigue dando energía incluso con el dispositivo apagado.
Y la carga rápida lo cambió todo. El golpe de gracia llegó con los fabricantes de móviles: se apropiaron de los colores para identificar sus tecnologías de carga rápida propietarias en los cargadores. El color ya no identificaba la velocidad de datos del puerto, sino la tecnología de carga.
USB morados, verdes y el caos de las marcas. Si ves un puerto morado, no debes extrañarte demasiado: menos si es de un dispositivo Huawei, pues su tecnología SuperCharge suele llevar ese color. Lo mismo pasa con el verde lima de Razer. Otras marcas como Oppo, Vivo o OnePlus, con VOOC o Dash Charge, también han usado colores distintos en el interior de sus conectores. Si no usas su cable específico, no tendrás la máxima velocidad de carga.
El USB-C acabó con los colores. El estándar que ha matado definitivamente el código de colores es el USB-C. Al ser un conector universal, su aspecto es siempre el mismo, pero lo que lleva por dentro tiene su complejidad: un mismo puerto USB-C puede ser un USB 2.0, alcanzar las velocidades del USB 3.0 o incluso llegara a las altas cotas del Thunderbolt 4.
La única forma de saberlo es buscar el logo del rayo o leer la hoja de especificaciones. Y pronto, puede que debas revisar estos aspectos porque el cable no venga en la caja del dispositivo: después de despedir a los cargadores, es hora de hacer lo propio con los cables USB.
La solución que casi nadie usa. Para intentar arreglar este lío con el USB-C, el organismo USB-IF ha propuesto un nuevo etiquetado oficial que sustituye a los colores y a los nombres confusos. La idea es que los puertos y cables certificados muestren la velocidad y la potencia de carga.
El problema es que esta certificación no es obligatoria. Por ahora, la única forma de saber qué compras es, como comentábamos, ver la ficha técnica. Y eso si es que el cable viene en la caja.
Imagen de portada | Amin para Wikimedia Commons
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