Hay un tipo de accesorio que me atrae especialmente: las baterías externas o powerbanks. Tengo varias y no viajo nunca sin una de gran capacidad. Como aficionado al bricolaje que soy, vi esta noticia de un ingeniero que montó una batería doméstica reciclando la de mil portátiles y pensé: esto es una idea genial para mi casa. Después me topé con la noticia de este vecino de Canalejas detenido por guardar 30 toneladas de baterías en su chalé. Y claro, me asaltaron las dudas.
El Jekyll y Mr Hyde de la tecnología. El componente vital de nuestros dispositivos tiene dos caras. Si se manipula correctamente, acumula energía y la libera siguiendo el proceso químico de oxidación y reducción. El lado tenebroso es menos conocido, pero igualmente importante: una batería puede autoincendiarse con un cortocircuito. Este puede venir de una mala manipulación, mala conservación o por una acción manual, como perforar la batería.
El riesgo de que una batería deflagre existe y crece con el mal estado y la manipulación, por eso son componentes que se vigilan en los sitios de mayor riesgo, como los aviones. Conforme más baterías se acumulen mayor alcance puede tener el desastre. Por eso hay leyes que regulan la gestión, aunque no de manera muy precisa.
¿Cuántas baterías son demasiadas baterías? Esta pregunta, la más relevante, es la única que carece de respuesta. No existe una ley que especifique la cantidad de baterías máxima ni a partir de cuántos kilos uno se convierte en un punto caliente para la policía. Además, el estado de las baterías influye, porque no es lo mismo mantenerlas en su embalaje original que acumularlas sin ningún cuidado. Justo la diferencia entre quien se montó su acumulador de energía y el que pensó que su chalé podía ser una planta de reciclaje sin control.
Ni la normativa europea ni la específica española especifican una cantidad máxima de baterías. Para considerar a alguien culpable de “acumulador” lo que importa es si cuenta con autorización para gestionar residuos peligrosos, categoría en la que entran las baterías de litio. La clave está en cómo se almacenan esos componentes, si el recinto está homologado para ello y puede tratar las posibles fugas que se produzcan. Por tanto:
Recuerda: la batería es un residuo peligroso. La idea de aprovechar baterías de segunda mano para alimentar mi casa no está completamente descartada. Y ahora ya tengo una base sólida: la frontera entre el manitas y el delincuente no la marca una báscula, sino un papel: el que autoriza la gestión de baterías como residuo peligroso, algo que no debe hacerse jamás en un chalé. Sobre todo cuando pasas de la tonelada.
Imagen de portada | Iván Linares
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