El Exynos vuelve a colocarse en el centro de la conversación del próximo Galaxy S26, y esta vez no es por debate regional. El motivo es mucho más concreto: han empezado a aparecer resultados de GPU en Geekbench y, por primera vez en bastante tiempo, la cifra suena competitiva de verdad.
En una lista de pruebas de cómputo se ve un Samsung SM S942B corriendo Android 16 y usando una GPU identificada como Samsung Xclipse 960, con un pico de 24.726 puntos en Vulkan. No es un titular vacío, porque incluso el propio registro muestra detalles de hardware y configuración que ayudan a entender qué se está midiendo y por qué está levantando cejas.
El benchmark que ha encendido el debate
El resultado que más ruido está haciendo es ese pico de 24.726 puntos en Vulkan. Y no viene solo: en otras ejecuciones del mismo dispositivo se han visto cifras más bajas, moviéndose desde 19.825 hasta el pico máximo, lo que encaja con algo típico en móviles de preproducción: variaciones por temperatura, por estado del sistema o por cómo está configurado el escalado de rendimiento.
En el propio registro aparece un governor “energy aware”, que es justo el tipo de pista que explica por qué un chip no se comporta igual en cada pasada. Y también se ve la configuración de CPU con diez núcleos repartidos en tres grupos, con un clúster principal a 3,80 GHz, otro a 3,26 GHz y otro a 2,76 GHz.
La lectura rápida es clara: si ese pico se sostiene en producto final y no se desploma a los diez minutos, Samsung ya no llega a la batalla gráfica desde atrás.
Lo que ya es oficial del Exynos 2600 y por qué encaja con ese salto
Más allá de las filtraciones, aquí hay una base importante: el Exynos 2600 ya tiene ficha técnica pública como SoC móvil de 2 nm con transistores Gate All Around, CPU de diez núcleos y GPU Samsung Xclipse 960. Se habla también de mejoras grandes en IA y de un enfoque en rendimiento sostenido, no solo en picos.
Samsung afirma que la Xclipse 960 dobla el rendimiento de cómputo frente a la generación anterior y mejora el ray tracing hasta un 50 por ciento, además de introducir una tecnología propia de reescalado y generación de fotogramas apoyada en IA, orientada a mejorar la suavidad “bajo presupuestos de energía limitados”. Ese último matiz es el que importa, porque el drama histórico no era sacar un número bonito, sino mantenerlo sin freír el móvil.
También se detalla que, en la CPU, los nueve núcleos “intermedios” se optimizan por separado para rendimiento y eficiencia, sustituyendo el clúster de núcleos pequeños de generaciones anteriores. Es decir, no es exactamente “todo grandes sin matices”, sino una reorganización para que el chip gestione mejor tareas de sistema sin gastar energía a lo tonto.
Por qué una GPU competitiva en un benchmark no garantiza el salto en la vida real
Aquí es donde conviene ser frío. Geekbench mide cargas sintéticas, y Vulkan en particular es útil para tomarle el pulso a la GPU, pero no es lo mismo que un juego real con su motor, sus shaders, sus limitaciones y su gestión térmica durante una sesión larga. Aun así, el benchmark sirve para algo muy concreto: comprobar si el chip tiene techo para competir.
El matiz importante está en la consistencia. Que haya registros desde 19.825 hasta 24.726 sugiere que el rendimiento puede depender mucho de condiciones, algo normal en un prototipo, pero también un recordatorio de que en móviles manda el calor. Si el chip empieza fuerte y luego baja, el usuario lo nota en la segunda partida o en la exportación larga de vídeo, no en la primera medición.
Por eso, el “momento de verdad” del Exynos 2600 no es el pico. Es la curva. Si el proceso de 2 nm y el diseño térmico hacen su trabajo, el salto será visible donde importa: estabilidad de frames, menos bajones, menos calentón y menos necesidad de recortar brillo o rendimiento para sobrevivir.
Qué significa esto para el Galaxy S26 y para el comprador europeo
La parte práctica es sencilla: si la GPU del Exynos 2600 se pone realmente cerca del rival directo, el clásico miedo a “me toca la versión peor” pierde fuerza. Eso no significa que ya esté todo ganado, porque falta comprobar consumo, módem, autonomía y rendimiento sostenido con software final. Pero sí cambia el punto de partida: se habla de competir, no de defenderse.
Y hay otra consecuencia menos comentada: cuando la GPU sube de nivel, no solo mejora el gaming. También mejora todo lo que hoy depende del bloque gráfico para ir fluido, desde ciertos efectos de interfaz hasta edición, filtros y cargas aceleradas por hardware. En móviles modernos, una buena GPU se nota más días de los que parece.
Lo que queda ahora es lo habitual: que aparezcan más registros, que se vea OpenCL junto a Vulkan en condiciones comparables y, sobre todo, que en pruebas reales el rendimiento no sea un pico bonito, sino una experiencia consistente.
Imágenes | Dall-E con edición, Samsung
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