Compartir
Publicidad
Instagram y las profesiones: el peso de la fotografía móvil más allá de la red social
Aplicaciones

Instagram y las profesiones: el peso de la fotografía móvil más allá de la red social

Publicidad
Publicidad

En la actualidad, quien más y quien menos ya sabe qué es Instagram o al menos que está relacionado con el hecho de compartir fotos, información suficiente para decidirse a probarlo o no. Una app que se popularizó entre los usuarios de iOS hasta que dio el salto a Android, movimiento definitivo para su expansión y su establecimiento como una de las principales redes sociales. Pero más allá del ocio, ¿cómo ha influido esta app en los trabajos?

Según Statista, la red social fotográfica tiene actualmente unos 400 millones de usuarios activos, colocándola en séptimo lugar tras WeChat al tener en cuenta las apps de mensajería. Sin ellas, la red social estaría en tercer lugar por debajo de QZone (con 860 millones de usuarios), una red social china creada por Tencent de la que ya hablaron nuestros compañeros de Genbeta al tratarse de una de las principales rivales de Facebook, la absoluta y original reina del cotarro social. No es de extrañar por tanto que tenga un efecto más allá de este ámbito.

El río sonó y Zuckerberg compró

Instagram nace en 2010 como fruto de la idea de Kevin Systrom y su reducido equipo, lanzándose en un principio en iOS y alcanzando los 30 millones de usuarios en dicha plataforma dos años después. El paso obvio era el saltar al sistema operativo que se había hecho con la mayor parte de la cuota de mercado durante esos años, y en efecto la maniobra fue exitosa desde un primer momento cuando la app obtuvo un millón de descargas en Android en 24 horas tras su publicación en la Google Play Store.

¿Y qué puedes hacer con un rival que aunque tímidamente se va plantando como un enemigo en potencia? Unirte a él, o más bien comprarlo si tu posición y tu economía son significativamente superiores. Y así hicieron en Facebook en 2012, adquiriendo Instagram por unos 730 millones de dólares (unos 230 millones por encima de su valor en aquel momento).

Mark Zuckerberg

El motivo ya lo dejaba ver el propio Zuckerberg al explicar que el objetivo era mejorar el compartir fotografías desde el móvil con gente afín, eso sí, sin fagocitar el servicio y manteniendo la app de Instagram como producto, como especificaron desde su equipo. Un año después en Genbeta analizaban los cambios de la red tras esta adquisición, comentando entre otras cosas el salto a la web y las posibilidades de monetización de cara sobre todo a que hiciese las veces de escaparate.

Tras años de publicidad por emplazamiento (lo que suele conocerse como product placement) en series y películas, lo lógico era que esta manera de hacer llegar imágenes a los dispositivos móviles de tantísimos millones de personas tuviese un interés económico y no sólo en el ámbito de la publicidad.

Del “Mira lo que estoy comiendo” al “Mira quién lo ha hecho”

Si hay tópicos en Instagram son los gatos, los pies en la playa, los cafés y la comida. Es un hecho que a muchos usuarios de Instagram nos gusta compartir lo que comemos bien sea para dar envidia o para presumir de nuestros logros culinarios, algo que nos queda claro tras unos días de excesos a nivel mundial como son las navidades.

Es por ello que bien sea nuestra primera tarta, nuestro espectacular guiso o el opíparo manjar que nos sirven en un restaurante, nuestra instantánea puede llegar a cientos de teléfonos alrededor del mundo, y esto es algo especialmente suculento en el último caso. Ya hace tiempo que el boca a boca ocurre vía móvil y las redes sociales son la principal gasolina para ello.

El pasado mes de junio, de hecho, en Insider Pro hablaban de cómo ha influido la red social en el ámbito de la cocina profesional y los restaurantes. En ese momento había ya más de 235 millones de fotografías con las etiqueta #food y #foodporn, un efecto de que hayan unido el simple disfrute de la comida con la apreciación de la belleza de los alimentos y el hecho de que casi todo el mundo lleve un smartphone con cámara y apps para editar las fotos.

Hashtags de comida en Instagram

Sea por la causa que sea, este boom tiene unos beneficiarios directos: los chefs. Explican en el artículo que en muchas ocasiones la publicación de una instantánea se traduce en un gran número de reservas en sus restaurantes, y de hecho el chef Benedict Rade afirma claramente que da los platos con mejor aspecto a los comensales que sabe que tomarán una fotografía.

No obstante, hay una cara B. A parte de que las redes sociales canalizan tanto las buenas como las malas críticas, está el hecho de que no siempre se haga una buena instantánea, algo que afecta más que lo primero al chef Ned Bell del Four Seasons Hotel en Vancouver. Como tampoco consideran de recibo el hecho de que el comensal prioriza el mostrar el plato a sus seguidores a degustarlo, enfriándose éste y perdiendo calidad. Algunos chefs incluso no permiten la entrada de cámaras en sus restaurantes, como Alexandre Gauthier en La Grenouillère.

En la actualidad ya es completamente habitual ver cómo a nuestro alrededor alguien toma fotografías de lo que tiene en la mesa

De hecho en la actualidad ya es completamente habitual ver cómo a nuestro alrededor alguien toma fotografías de lo que tiene en la mesa, y la manera en que esto ha influido en el negocio de la cocina profesional va más allá de la promoción. Instagram es también una herramienta de búsqueda para estar al día en cuanto a tendencias y sirve como fuente de inspiración y aprendizaje para sus creaciones.

Los “likes” y las tendencias

El de la moda es sin duda uno de los negocios que más se ha visto influenciado por ésta y otras plataformas similares (como Pinterest) llegando de hecho a haber cierta simbiosis. Más allá de compartir la última prenda que nos hemos comprado, la app es un verdadero trampolín para quienes quieren su pedacito en el negocio de las pasarelas pasando a emularlas directamente sin ni siquiera salir de casa y a tiro de móvil.

Instagram

De hecho, se ha consolidado el término Insta-Model para aquellas personas que ejercen de modelos en la plataforma recibiendo pagos por cada publicación que realizan en la app por parte de las marcas. Usuarios con millones de followers y “Me gusta” o likes, como el caso de la foto con más “Me gusta” en cinco años que corresponde a la modelo Kendall Jenner. No es raro que se llegue a pagar hasta 300.000 dólares por fotografía como cuentan en The Guardian.

Así, además de ser un medio de promoción para prendas y modelos, la app es también en este ámbito un detector de tendencias y de consumidores potenciales mediante los “Me gusta” y también las etiquetas. Una utilidad más que evidente aunque puede que tengamos que esperar un poco a ver la verdadera influencia de esta app en la moda por el componente generacional, como apunta Sarah Rutson, vicepresidenta de compras en Net-a-porter.

El agridulce caso de la fotografía

La naturaleza de Instagram hace que haya cierta dicotomía en su uso o mejor dicho en su entendimiento. La esencia de la app era y es el hecho de compartir una instantánea de aquello que vemos o vivimos gracias a la cámara de nuestro móvil, por lo que fusiona el aspecto cotidiano y social con la fotografía.

Puede que también el asumir que si se usa Instagram es para añadir filtros (que originalmente eran bastante agresivos con la calidad de la foto) haya desplazado en un primer momento el uso como plataforma profesional para la fotografía, como sí lo fueron desde un principio Flickr o 500px. Comunidades que con más o menos prisa vieron el potencial de las apps móviles y de hecho ambas sufrieron un viraje a lo social (además de lo profesional) añadiendo la posibilidad de seguir a usuarios y comentar.

No obstante, si algo es evidente es la tremenda evolución de las cámaras de los móviles, logrando hacernos olvidar en muchos casos las cámaras compactas y consiguiendo fotografías de calidad incluso en condiciones poco favorables. Y esto ha potenciado dos vertientes en el uso de la app; según en qué manos caen estas cámaras, Instagram puede ser un trampolín para quien que tenga lejos cualquier equipo fotográfico (con la posibilidad de iniciarse en esta afición casi sin reparar en ello) o para que el fotógrafo profesional se dé a conocer.

Fotografia en Instagram

Aunque en la práctica esto desemboca en distintas reacciones sobre todo en los usuarios más puristas tanto de la app como de los profesionales de la fotografía. En ocasiones los primeros muestran rechazo al hecho de que los segundos compartan fotografías realizadas con cámaras avanzadas aludiendo a que se pierde la esencia de la red social. Y por otra parte están los profesionales que reniegan de la app justamente por esa naturaleza y la diferencia conceptual entre la fotografía “no profesional” (por dispositivo y por técnica) y la profesional.

Pero dejando a un lado este debate, está el hecho de que ese efecto trampolín del que hablábamos se pueda estar perdiendo. Hace unos meses leíamos en Quartz el caso de Chris Ozer, que descargó la app en su lanzamiento sin saber muy bien a qué se atenía y que gracias a ella se dio a conocer hasta llegar a trabajar para Mercedes Benz o el New York Times. El fotógrafo cuenta su casual despunte y que no fue ni mucho menos el último caso, pero también explica que esto es cada vez más ocasional.

Definitivamente es mucho más difícil ser descubierto ahora en Instagram que cuando era algo a pequeña escala. Simplemente es distinto y no va a volver a darse.

Aunque si bien Instagram puede ya no tener el mismo efecto de lanzadera, lo cierto es que el smartphone sigue siendo un ayuda para los fotógrafos profesionales, o más bien otras apps más allá de las redes sociales. Algunos ejemplos los veíamos también en este artículo, hablando de EyeEm y Snapwire, las cuales tienen un mercado en el que poder vender sus fotografías.

Buenas prácticas ante todo

Instagram se consolida como uno de los canales habituales para darse a conocer y promocionarse, es decir, otro componente más de la imagen de empresa. Aquí cabe recordar el hecho de la propiedad y la autoría en cuanto a “tomar prestada” una fotografía (igual que se hace de manera habitual con los tweets) para en este caso utilizarla como promoción, como puede ser la de un cliente que comparte la instantánea del producto de la marca o incluso una imagen tomada del navegador u otra red social.

Algo para lo que algunos clientes no oficiales ya hace tiempo que plantearon una solución, el repost, como en el caso de 6Tag, la app para Windows Phone de Rudy Huyn. Por su parte, la app oficial aún no ha incluido de momento esta característica ni otras que resultarían útiles como la multicuenta (aunque ésta ya ha sonado al menos en fase de pruebas) y sus clientes presentan diferencias en sus funciones según de qué plataforma se trate, pero sí ha tenido a bien incluir posts promocionados como medida de monetización y vía de promoción para marcas.

Usando Instagram

Otros añadidos que bien podrían haber estado encaminados a potenciar este uso derivado (e incluso retributivo) de Instagram son las apps independientes que se han lanzado en los últimos meses para ampliar las características del servicio original, de modo que el usuario "se queda en casa" en vez de buscar estas características en otra app, como la creación de micro-vídeos o los collages. Usos para los cuales desde Instagram lanzaron Boomerang, Layout e Hyperlapse.

Así, ya es habitual que se use esta app tanto para promocionar productos como para exponer una imagen corporativa al hacer fotos del equipo o del lugar de trabajo, contribuyendo a que el usuario (o cliente potencial) tenga una imagen más cercana y menos fría y facilitando el que la pueda compartir. Veremos en qué otros ámbitos y en qué medida la app pasa a ser una herramienta de peso, y si este uso más profesional influye en los futuros cambios de la app.

Imagen | TreceBits
En Xataka Móvil | GIFs y micro-vídeos: así es Boomerang de Instagram

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio