Anticipábamos una caída de las llamadas spam tras la última medida instaurada por el Ministerio de Consumo y no está siendo así, al menos en mi caso: cada vez recibo más comunicaciones extrañas. No me llaman desde España, tal y como se preveía, ahora aparecen números de todas partes del mundo. Mi móvil está viajando más que yo.
El problema. Las empresas de marketing deben utilizar numeraciones habilitadas para las llamadas comerciales, la reciente Orden TDF/149/2025 lo especifica. Además, dichas llamadas no deben provenir de números móviles y los operadores tienen la obligación de bloquear las comunicaciones de números fraudulentos.
La base regulatoria deja bien acotados los límites de aquellas empresas que deseen llamar o enviar SMS a los usuarios, aunque eso sí, solo desde España. Por eso la mayor parte de llamadas spam proviene de otras partes del mundo: así logran esquivar la regulación. Y es un problema.
¿Quién no ha recibido una llamada desde Nepal?
Italia, Chipre, Portugal... Mi lista de llamadas recientes es como el pasaporte de Phileas Fogg (o Willy Fog para quienes vivieron los 80): ha recorrido el mundo de país en país. Dicha lista es bien variada y no se corresponde con ninguna lógica: lo mismo me llaman de Francia como de Nepal.
El pasaporte de mi agenda telefónica tiene más sellos que el mío, siento hasta envidia. Y todo porque a los estafadores les sale más barato comprar números virtuales de países lejanos que arriesgarse con teléfonos de España. Llamar en masa sale rentable, solo basta con que piquen un puñado de incautos.
¿Ocurre algo si descuelgo una llamada extranjera? Atender un número de Chipre o Nepal, por poner dos ejemplos que tengo en mi teléfono, no implica un coste directo, ya que quien paga es el que llama. Eso sí, entraña dos riesgos principales:
- Los estafadores sabrán que ese número está activo. Podríamos ser objeto de más intentos de estafa.
- Es lógico sentir la curiosidad de ver quién llamó y devolver la llamada. Y esto sí que es peligroso: los estafadores podrían redirigir la comunicación a un número de tarificación especial.
No van a cobrarnos por contestar una llamada de un número extranjero desconocido, pero lo mejor es no hacerlo. Dejar que suene, bloquear la numeración y eliminar el registro, esto es suficiente. También podemos denunciar la llamada en la Oficina de Atención al Usuario de Telecomunicaciones o en la Agencia de Protección de Datos.
La única solución es silenciar los números desconocidos. Las llamadas spam se van a seguir produciendo, esa es la realidad. Y, dado que varían continuamente la numeración, la única manera de esquivarlas es bloquear las comunicaciones de quienes no estén en la agenda. El problema es que podemos perder una llamada importante solo porque no teníamos el número: hay que valorar los inconvenientes y las ventajas.
Imagen de portada | Iván Linares editada con Gemini
En Xataka Móvil | Esperar a que me atiendan la llamada es un fastidio. Por eso me encanta lo nuevo de iOS 26 en el iPhone
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