El concepto de privacidad ha muerto para la Gen Z: la nueva obsesión es compartir la geolocalización 24/7

  • Compartir la ubicación constantemente ayuda a reforzar la sensación de pertenencia al grupo

  • Influye en el modo en el que entendemos la privacidad, la autonomía y la libertad

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Noelia Hontoria

Editora

Para muchos jóvenes de la Generación Z (quienes ahora tienen entre 13 y 29 años, aproximadamente), compartir la ubicación con sus amigos o su pareja se ha convertido en un gesto cotidiano. Un hábito que las generaciones más mayores miramos con cierto recelo porque lo entendemos también como un atentado a nuestra privacidad.

Estar constantemente geolocalizados por nuestros conocidos, aunque sean los más cercanos, es, a su vez, una tendencia social cada vez más generalizada. El problema reside principalmente en que esta normalización puede llevarnos a hacerlo sin reflexionar previamente o incluso a compartirlo con terceros, como las apps a las que otorgamos permisos innecesarios.

Compartir la ubicación 24/7 ya es una cuestión social

Desde Xataka Móvil hemos contactado con Mapi López, psicóloga sanitaria, para que nos ayude a entender mejor esta tendencia y comportamiento social de nuestros jóvenes.

Mapi Lopez

Porque, ¿qué hay detrás del interés de la Gen Z de compartir con sus amigos su ubicación en todo momento? En muchos casos, se trata de una cuestión de reforzar la sensación de pertenencia al grupo. Tal y como nos explica López, “detrás de este interés hay, en muchos casos, una forma distinta de entender la conexión y las relaciones. Compartir la ubicación puede vivirse como una manera de estar presentes en la vida de los demás, de sentirse acompañados o incluso cuidados, más que como una exposición de la intimidad”.

"Compartir la ubicación puede vivirse como una manera de estar presentes en la vida de los demás, de sentirse acompañados o incluso cuidados"

La brecha generacional se percibe todavía más aguda en estos casos. La generación Z es la primera que llegó con un móvil bajo el brazo y precisamente esto ha derivado en que, según explica la experta, “para muchas personas jóvenes, crecer en entornos digitales donde compartir información personal es algo cotidiano hace que este tipo de prácticas se perciban como normales y poco problemáticas”.

Los riesgos

La psicóloga explica que esta conducta es una cuestión de “seguridad, pertenencia al grupo o comodidad y no siempre hay una reflexión consciente sobre lo que implica”. Precisamente esta falta de reflexión es lo que puede conllevar mayores riesgos al perder de vista la importancia del concepto de la intimidad.

El algo con lo que coincide López: “a nivel individual, puede contribuir a que se difuminen los límites entre lo privado y lo compartido, y a que se normalice la idea de estar siempre localizable”, lo cual puede, a su vez, “generar presión, dificultad para desconectar o la sensación de tener que dar explicaciones constantes sobre dónde estamos o qué hacemos”.

Si quitamos zoom y ampliamos el foco a las consecuencias que puede traernos esto como sociedad, la experta considera que “el riesgo está en que se consolide una cultura en la que la vigilancia y el control se vuelven habituales y aceptables, y donde poner límites o decidir no compartir pueda interpretarse como algo negativo. Todo esto influye en cómo entendemos la privacidad, la autonomía y la libertad en el día a día”.

Continuamente espiados

Esta normalización de compartir constantemente dónde estamos es otra de las evidencias del cambio generacional. Una tendencia que pone sobre la mesa un nuevo debate: estamos convirtiendo nuestra vida en un Gran Hermano. Y, al contrario de lo que sucedía en la novela de George Orwell, somos nosotros los que estamos dando permiso y aceptando que esto suceda.

Espiados Movil

El mayor problema no solo reside en que tu mejor amiga o tu pareja puedan ver dónde estás. En un momento determinado puede ser muy útil y para ello existen herramientas concretas para aprovechar sus ventajas. Por ejemplo, al momento de compartir la ubicación por WhatsApp, esta aplicación pregunta por cuánto tiempo quieres hacerlo: 15 minutos, 1 hora u 8 horas. Se entiende, por tanto, que mostrar en un mapa dónde nos encontramos responde a una necesidad puntual.

"Puede generar presión, dificultad para desconectar o la sensación de tener que dar explicaciones constantes sobre dónde estamos o qué hacemos"

Hacerlo de manera constante, y aceptar ser espiados 24/7, supone una vulneración de los derechos humanos: el derecho a la intimidad. Aunque el 94% de los jóvenes de la Gen Z ven ventajas en el hecho de compartir su ubicación, renunciar a la privacidad tiene consecuencias: donde nosotros vemos la oportunidad de reforzar nuestras relaciones sociales o conseguir un descuento, las empresas ven el caldo de cultivo ideal para seguir lucrándose.

Cuando algo escapa a nuestro control se puede volver en nuestra contra. Sentir la presión de tener que compartir dónde estamos con nuestros allegados puede derivar en relaciones tóxicas en las que el control esté por encima de la libertad. También le otorga a las empresas que están detrás de las apps un privilegio y un poder enorme.

Nos encontramos en un punto en el que deberíamos reaprender a ser más críticos con nuestra privacidad y eso incluye revisar los permisos que le brindamos a las apps sobre cuestiones como nuestra ubicación y no aceptar todo a ciegas.

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