En los últimos tiempos hemos visto alternativas al móvil más o menos serias, ya sea con gadgets con IA tipo los Rabbit R1 o el Humane AI Pin (ambos un fracaso), o incluso en forma de wearable como las Ray-Ban Meta o los anillos inteligentes con el Samsung Galaxy Ring a la cabeza, si bien estos dispositivos a día de hoy son más bien se perciben como un complemento.
Las razones son diversas: innovación per se, agotamiento de un formato estancado o simplemente, adelantarse a un cambio en los gustos y preferencias. Sea como fuere, todo apunta a que hay vida más allá del teléfono y que tarde o temprano nos libraremos de este dispositivo que hoy resulta indispensable para la mayoría.
Más allá de corporaciones, también algunas personas influyentes dentro de la tecnología se han mojado argumentando que el móvil tiene las horas contadas y no son cualquiera: algunos de ellos ya se adelantaron a su tiempo para desarrollar el sistema operativo por excelencia para los PC o las redes sociales tal y como las conocemos hoy.
En el futuro no habrá smartphones (o eso dicen), ¿qué le sustituirá?
Elon Musk habla alto y claro en su perfil de X/Twitter: 'En el futuro no habrá smartphones, solo Neuralinks', declaraba el pasado verano. ¿Qué es eso de Neuralink? Un wearable para el cerebro que lee y escribe información en el que la mano derecha de Donald Trump lleva años trabajando, lo que permite manejar dispositivos con tus pensamientos, sin tener que tocar nada.
De momento, ya hay dos personas con Neuralink instalado en su cuerpo: Alex es el segundo y en cuestión de cinco minutos ya sabía cómo controlarlo para tareas como usar programas de diseño en 3D o jugar a títulos como 'Counter-Strike 2'.
A día de hoy, el programa de Neuralink ha superado la fase de casos aislados. Tras el éxito de Alex y los primeros voluntarios, la empresa de Musk ha iniciado en 2026 una expansión supervisada, apuntando a alcanzar los mil usuarios implantados antes de que termine el año. El objetivo ha mutado: ya no es solo devolver la movilidad, sino demostrar que el ancho de banda entre cerebro y máquina es el único camino para que el ser humano no quede obsoleto frente a la IA.
Pocas presentaciones necesita Bill Gates, detrás de la todopoderosa Microsoft que lleva reinando en los ordenadores personales décadas. Pues bien, el ahora filántropo vaticinó en 2022 que lo que sustituirá a los móviles son los tatuajes electrónicos. La empresa que llamó su atención fue Chaotic Moon, (adquirido por Accenture en el año 2015), tanto es así que decidió invertir en ella.
La idea es combinar la estética y la biotecnología, empleando la propia tinta del tatuaje, que cuenta con nanorastreadores capaces de recopilar, recibir y enviar información. Inicialmente este premisa partía con un uso sanitario, enviando notificaciones al móvil en caso de detectar fiebre, infecciones y otras alteraciones valiéndose de sensores y transmisores. No obstante, su evolución permite pensar en otros usos como la geolocalización o sistema de comunicación entre otras personas.
Mark Zuckerberg, creador de Facebook y CEO del emporio de Meta, es uno de los más fervientes creyentes de la pérdida de protagonismo del móvil y además que esto será más pronto que tarde. Así, declaró que en 2030 ya no sacaremos tanto el smartphone del bolsillo porque haremos todo desde las gafas.
La apuesta de Zuckerberg está dando frutos antes de lo previsto. Con el despliegue de la tecnología de Project Orion y la integración total de Llama 4 en las gafas inteligentes, la ventana de 2030 parece ahora demasiado lejana. Meta ha demostrado que la clave no es sustituir el móvil de golpe, sino vaciarlo de funciones: si tus gafas pueden proyectar una pantalla de 100 pulgadas para trabajar o responder mensajes mediante hologramas, el móvil se queda olvidado en el cargador. La guerra por el 'dominio del rostro' ha comenzado oficialmente este año.
Sí, porque para el fundador de Facebook las gafas de realidad aumentada se convertirán en la próxima gran plataforma después de los teléfonos. Ese cambio de paradigma implicará que dentro de 10 años 'muchas personas ya no llevarán sus teléfonos consigo, usarán sus gafas para todo'.
Lo que en 2024 eran solo insinuaciones de Sam Altman, hoy es una realidad inminente. OpenAI ha confirmado que su dispositivo de hardware nativo para IA, diseñado junto a Jony Ive, llegará al mercado en la segunda mitad de 2026. Ya no se trata de un accesorio, sino de una plataforma que busca eliminar la fricción de las apps. Como el propio Altman ha señalado recientemente, estamos ante el fin de la 'dictadura de las pantallas' para pasar a una computación ambiental que entiende lo que vemos y oímos sin necesidad de un iPhone como intermediario
Hasta ahora hemos hablado de hombres importantes dentro del ámbito tecnológico que no hacen móviles o cuya incursión ha sido poco afortunada (ejem, ejem Windows Phone), lo que probablemente tenga algo que ver en que exploren otras vías donde poder extender sus redes. Pero hay otro que sí que ha tenido éxito y piensa muy diferente: Tim Cook.
Durante la presentación de los resultados del primer trimestre fiscal de 2025, el CEO de Apple declaraba que quedaba mucho por llegar y en lo relativo al iPhone y los móviles en general, se mostraba optimista: 'Creo que aún queda mucha innovación en los teléfonos inteligentes', afirmaba Cook, lo que denota que a los smartphones todavía les queda mucha vida por delante.
Tim Cook, sin embargo, ha tenido que ajustar el timón. Aunque el iPhone sigue siendo el motor financiero de Apple, el gigante de Cupertino ha pivotado agresivamente tras el lanzamiento de las Vision Pro. Según los últimos reportes del sector, Apple ha congelado el desarrollo de un visor económico para centrar todos sus recursos de ingeniería en el Project Atlas: unas gafas inteligentes ligeras con IA multimodal que verán la luz a finales de este 2026. Cook ya no solo defiende el móvil, ahora prepara la transición hacia un ecosistema donde el Apple Watch y las gafas heredarán gran parte de las tareas del iPhone
No podemos olvidar a Google. Sundar Pichai ha pasado de la cautela a la acción con Project Astra. La integración de esta IA multimodal en prototipos de gafas de realidad aumentada permite a Google ofrecer algo que el móvil no puede: una memoria fotográfica perfecta y asistencia en tiempo real sobre lo que el usuario está mirando. Para Google, el smartphone ya no es el centro, sino el 'cerebro en el bolsillo' que alimenta a una constelación de wearables que pronto dejarán de ser opcionales: 'Creo que tendremos un dispositivo informático principal y, cada vez más los teléfonos son eso para la mayoría de las personas.'
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Una versión de este tema se publicó en marzo de 2025
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