Durante años, el éxito o fracaso de Huawei se medía contando cuántos Huawei P (ahora 'Pura') o Mate se vendían fuera de su país natal. Es una métrica caduca: mientras Occidente mira al dedo (Android con servicios de Google), Huawei señalaba la luna con un plan de infraestructura masiva. El último informe del Ministerio de Industria de China confirma que la versión Open Source del SO de Huawei, OpenHarmony, ya opera en 1.200 millones de dispositivos.
El matiz importante de este hito es que la inmensa mayoría de dispositivos no son teléfonos, sino aquellos que tejen otras partes de la industria: desde maquinaria pesada hasta electrodomésticos, pasando por sistemas de gestión energética o vehículos eléctricos. Huawei ha entendido que para que su ecosistema triunfe, necesita estar en muchos más lugares fuera del bolsillo.
La trampa. Que ya existan 1.200 millones de dispositivos con OpenHarmony puede sonar exagerado, pero es así. Para comprender la magnitud del dato debemos separar el grano de la paja y diseccionar el ecosistema. Huawei juega con dos barajas distintas:
- HarmonyOS (Next): es la versión comercial y cerrada para sus móviles, tablets y relojes. Según las últimas cifras oficiales, las versiones 5 y 6 (ya apodadas como 'Next' por estar separadas de Android) acumulan unas 36 millones de instalaciones. Una cifra respetable, pero aún lejos de los miles de millones de móviles con el SO de Google.
- OpenHarmony: es el núcleo de código abierto donado a la fundación OpenAtom. Es el equivalente al AOSP de Google. Aquí es donde residen los 1.200 millones. Cualquier fabricante de terceros puede coger este código y usarlo para dar inteligencia a una nevera o un coche sin pagar un céntima al fabricante chino. El objetivo no es hacerlo rentable, sino que sea el estándar de facto en China.
Copia la jugada de Google. Hace dos décadas, Mountain View conquistó el mundo "regalando" Android a los fabricantes y a la comunidad Open Source. Primero creó una dependencia que luego monetizó con sus servicios en móviles, tablets, relojes e incluso coches. Huawei parece haber tomado nota y esté ejecutando el mismo plan con precisión quirúrgica.
Al ceder la propiedad intelectual a la fundación, Huawei se asegura de que el desarrollo de software en China gire en torno a sus reglas y no a las de Linux o Android. Han creado una base instalada tan masiva y diversificada (1.200 categorías de producto) que, por inercia, arrastra a los desarrolladores a su terreno. A su vez, la versión comercial se beneficia indirectamente de un ecosistema de apps y compatibilidad que ya no debe construir sola.
"Esto no es propiedad de Huawei". Este movimiento tiene una derivada geopolítica importante. Al hacer que el SO sea Open Source y esté gestionado de forma neutral, Huawei tiene lo necesario para expandirse, empezando por mercados vecinos. El ejemplo es su reciente desembarco en Corea del Sur: allí, la compañía se presenta no como el gigante sancionado, sino como un contribuyente de un proyecto global.
El CEO de Huawei Corea, lo verbalizó sin rodeos: "HarmonyOS ya no es propiedad de Huawei". Esta narrativa les permitirá infiltrarse en la infraestructura 'Smart Home' y en el IoT de países aliados de EEUU, esquivando los recelos políticos que fastidiaron la venta de sus teléfonos en la mayoría de mercados del globo.
Cerrar el círculo de la independencia. La victoria de OpenHarmony no estaría completa si el código se escribiera en el idioma del enemigo. Por eso, el ecosistema no solo se basa en el sistema operativo, también lo hace con un lenguaje de programación propio: Cangjie. Con una comunidad que ya supera los 10 millones de desarrolladores, Huawei está logrando la autosuficiencia del software total.
Ya no dependen de Java, ni de las herramientas de Google. Han construido un fuerte completo: hardware propio (chips Kirin, sensores de cámara, etc), software base (OpenHarmony) y lenguaje de desarrollo. Esto blinda a la industria china ante futuras sanciones: si mañana les cortan el acceso a GitHub o a licencias occidentales, su maquinaria seguirá rodando en su propio carril.
EEUU cierra puertas, China las abre. El escenario actual nos deja una paradoja ciertamente fascinante: mientras Google cierra cada vez más el grifo de AOSP, moviendo las partes valiosas de Android a sus servicios propietarios y restringiendo la disponibilidad, Huawei se ve obligada a ser la abanderada de la apertura. Y eso que su agresividad para captar interés ha llegado a causar polémicas por spam.
El gigante chino no compite por ser la mejor opción en smartphones (poco a poco lo vuelven a conseguir en China), lo hace por ser el sistema nervioso predominante. Es una batalla silenciosa donde los números de ventas de móviles o de usuarios en el SO son casi irrelevantes.
Imagen de portada | Composición con imágenes de Pepu Ricca para Xataka Móvil y Daniel Vega para Xataka
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