Si llevase la cuenta de todos los móviles que he probado, seguro que la lista sería más grande que los episodios de Lost. La mayor parte Android, como es obvio por su cantidad, pero también casi todos los de Apple. Y hay un teléfono reciente que consiguió algo que no veía posible: que venda mi iPhone 16 Pro. No ha sido un Pixel, es lo primero que me extraña.
He analizado varios Vivo, pero no tenía el gusto de compartir intimidad con un gama premium de la marca. Como no puedo estarme quieto, decidí aprovechar una promoción navideña para autoregalarme un Vivo X300 Pro. Sabía que me iba a gustar, que me atraería por su telefoto para convertirse en mi cámara de referencia. Al final me ha terminado enamorando por todo lo demás.
Su cámara es una maravilla, pero no es lo único
No voy a sorprender a nadie si digo que la marca tiene una de las propuestas fotográficas más sólidas dentro del panorama móvil. Su asociación con Zeiss me gusta especialmente, sobre todo a nivel de procesado (aprecio su tratamiento del color). Y el telefoto se encuentra a años luz de la mayoría de modelos, tanto Android como iOS.
Es un móvil grande y bastante pesado, son dos aspectos que no terminan de encajar entre mis preferencias. La construcción del Vivo X300 Pro es excelente, el hardware se encuentra al máximo nivel y todo el software funciona tan rápido como un reguero de pólvora en combustión. No esperaba una experiencia Android 16 tan fluida y rápida: OriginOS está a la altura de mis expectativas.
Rápido en todo momento, con una autonomía excelente (lástima que Vivo haya reducido la batería con la internacionalización, aunque sospecho que físicamente es mayor de lo que dice el sistema) y sin que eche en falta nada. Incluso logré que funcionaran algunas aplicaciones que no terminaban de ir en otros Android, este era el mayor obstáculo para el adiós a iOS.
La despedida del iPhone es real y definitiva. Conservaba aplicaciones vitales que iban mejor en iOS, pero conseguí que funcionasen igual en Android. Y tener un zoom superlativo en el teléfono me da la vida: las fotos de paisajes y naturaleza suben de nivel. Lástima que el presupuesto no me alcanzara para el kit con el teleobjetivo externo, a ver si lo encuentro de segunda mano. Sin él las fotos con zoom son igualmente impresionantes.
No todo es bonito, también tiene sus defectos
El Vivo X300 Pro ha conseguido que no eche de menos nada. Más bien al contrario: seguro que lo añoro cuando esté analizando el próximo teléfono. Sin que este enamoramiento me oculte sus inconvenientes del móvil, que los tiene. Como suele ocurrir, nada ni nadie es perfecto.
No termino de ajustar los modos de no molestar y el consumo en segundo plano de las aplicaciones: OriginOS multiplica las herramientas de gestión energética, hay apps que se terminan cerrando aunque permita la ejecución en segundo plano. No poder ajustar todos los iconos de estado también me molesta: hay tantos activos que me agobio.
La batería reducida es otro de los puntos que no termina de gustarme. La reducción en capacidad es una lástima, pero diría que, internamente, no está tan recortada: el móvil tarda bastante en bajar del 100 %. Como si consumiera un exceso que el sistema no notifica.
El Vivo X300 Pro carga muy rápido, pero no trae el cargador en la caja (hay algunos gama alta que lo mantienen). Y el botón izquierdo añadido, a imagen y semejanza del Action Button del iPhone, no termina siendo muy útil. Como en el iPhone, al menos en mi caso.
Un móvil sólido y competente en todos los aspectos
No es el primer Android que me enamora y seguro que tampoco es el último. Aun así, me veo mucho tiempo con el Vivo X300 Pro en el bolsillo, he conseguido que me siga el ritmo y hasta que vaya por delante. Y lo mejor, no me defrauda cuando necesito inmortalizar una escena: salir de excursión con este móvil en el bolsillo es una delicia para todo aficionado a la fotografía.
Otro de los problemas que veo es que termine saliendo el Vivo X300 Ultra en Europa. Todo indica que será así, veremos si no acabo dando el salto al nuevo modelo. Por ahora me siento muy a gusto.
Imagen de portada | Iván linares
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