Tener Internet en casa suele pasar por el peaje de la fibra, es una de las conexiones más habituales de puertas para afuera. En el lado inverso, de puertas para dentro, el protagonismo lo toma el router con punto de acceso WiFi, un dispositivo que se ha hecho habitual en la mayoría de hogares. Con sus inconvenientes, ya que, como demuestran los datos de Speedtest, el parque español de routers está algo desactualizado.
El cuello de botella. España suele presumir de fibra: mucha cobertura, buenas velocidades y una guerra entre operadores que ha rebajado en buena medida los precios. Pero el informe global de WiFi de Ookla enseña la otra cara del Internet doméstico: la conexión puede llegar muy rápida hasta el router y quedarse atrapada después en estándares inalámbricos antiguos. Los operadores tienen gran parte de “culpa”.
Datos de adopción de los distintos estándares de WiFi en Europa. Tabla de Ookla
Los datos de Ookla, obtenidos a partir de los tests de velocidad que los usuarios han ido haciendo en Speedtest, revelan un dato importante: España acumula un parque excesivo de routers “antiguos”. Si bien las cifras de adopción del WiFi 7 son muy parecidas a los países europeos más punteros, la transición hacia estándares más competentes está algo estancada: el 62 % de los equipos permanecen en los estándares WiFi 5 y WiFi 4. Esto no solo afecta al rendimiento de las redes domésticas, también a su seguridad.
El papel de los operadores: fibra rápida, router lento. La mayor parte de estos dispositivos los pone la compañía de Internet. El cliente no suele cambiarlos, incluso acostumbra a dejar el router en el mismo sitio donde lo puso su técnico. Por tanto, buena parte de la responsabilidad por los equipos “desactualizados” recae en el tejado de los operadores. Sin que en sí sea su culpa, ya que no tienen la obligación de instalarnos un router de altas prestaciones.
Los operadores grandes están haciendo una firme apuesta por mejorar sus equipos. Con ejemplos como Movistar, que está llevando su router WiFi 7 a todas las nuevas tarifas de miMovistar (los antiguos clientes tienen opción de comprarlo a 60 euros). En O2 deben conformarse con el viejo router HGU, con WiFi 5. Esta oferta tan limitada en el inicio es lo que frena el despliegue de la mejora en conectividad a nivel doméstico.
La velocidad no es lo único importante. La consecuencia recae, como suele ocurrir, en el usuario: paga por una fibra de altas capacidades que su router no puede aprovechar, sobre todo en WiFi y a cierta distancia del equipo. Y no es solo cuestión de velocidad: mantener un router en WiFi 5 o WiFi 4 implica arrastrar estándares de cifrado más débiles y un firmware que, en muchos casos, dejó de recibir actualizaciones hace tiempo. Es un enorme riesgo para la integridad de la red doméstica.
Mientras los operadores no aceleren la renovación de routers, lo único que podemos hacer es reclamar un equipo mejor, comprarlo o montar un router neutro detrás del que nos puso la compañía. La fibra puede ser buena buena, el problema llega con el responsable de aprovecharla.
Imagen de portada | Iván Linares
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