Europa cambia las reglas del juego con la DNA: el nuevo reglamento es un jarro de agua fría para los operadores

  • Licencias de espectro para siempre, pero con riesgo de perderlas si los operadores no las usan​

  • Menos gastos y papeleo para las telecos, con la promesa de tarifas más baratas y mejor cobertura para los clientes

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Iván Linares

Editor Senior

En su plan para regular las telecomunicaciones a nivel europeo, la Comisión ha presentado la Digital Networks Act o DNA, una normativa que marca el presente y futuro de las redes. El nuevo reglamento estipula que las licencias de frecuencia sean para siempre, facilita el Internet satelital entre los países de la Unión Europea y pega un tijeretazo a la burocracia.

Por qué es importante. La nueva DNA es una propuesta de ley para establecer una postura común en temas de telecomunicaciones. Al ser un Reglamento, las normas se aplican directamente desde Bruselas a todos los países por igual, sin que los gobiernos nacionales puedan modificarlas o adaptarlas a su gusto.

Henna Virkkunen, vicepresidenta de la Comisión Europea, durante la presentación de la DNA Henna Virkkunen, vicepresidenta de la Comisión Europea, durante la presentación de la DNA. Imagen de la Comisión Europea

Uno de los principales cambios es que la DNA elimina la concesión de frecuencias por periodos. No se repetirán las subastas de frecuencias: para aquellos operadores que hayan conseguido una porción de las bandas, la concesión será por tiempo indefinido. Eso sí, la Comisión Europea lanza una amenaza:

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Los operadores que no utilicen las frecuencias licenciadas deberán cederlas a otras empresas. O corren el riesgo de que la Comisión se las quite

La DNA quiere reducir la inversión de los operadores en las licencias: si consiguieron una porción, será suya indefinidamente. Esto debería trasladarse a los clientes, ya que desarrollar redes futuras no requerirá tanto dinero. Además, la nueva normativa elimina los trámites burocráticos en un 50 %, otra ventaja que debería trasladarse al usuario. En teoría.

Un gran paso en el Internet por satélite. En la coyuntura actual, y debido a la ruptura de relaciones con Estados Unidos, la Comisión busca afianzar la independencia tecnológica. En este sentido, la DNA pretende:

«incentivar la creación de servicios paneuropeos de comunicación por satélite mediante el establecimiento de un marco de autorización del espectro a escala de la UE, en lugar de a escala nacional».

Cualquier operador satelital que active sus servicios en un país de la Unión, tendrá abierta la puerta en el resto de países. Esto beneficia claramente a Starlink y Project Kuiper (ahora Amazon LEO), aunque va más allá: la DNA establece la normativa para las futuras operaciones de IRIS². Será una constelación de satélites en órbita LEO y MEO que comenzará su despliegue en 2030.

Jarro de agua fría para los operadores: no se facilitarán las fusiones. Con la enorme competencia que existe en el sector de telecos, se esperaba que la Comisión Europea asentase las bases para una concentración del mercado. Y no ha sido así: la DNA deja intacto el Reglamento de Fusiones de la UE o ECMR. Los operadores aspiraban a que Europa facilitase las fusiones para aumentar la concentración y fuerza a escala europea. Estas peticiones no han obtenido respuesta.

La nueva DNA pretende que el usuario europeo sea el gran beneficiado. Si la Comisión logra su objetivo, en 2030 no importará si estás en una aldea remota de Galicia o en el centro de Berlín: tendrás conexión rápida, móvil con Internet por satélite y todo sin la burocracia ya clásica de Europa. Ahora solo falta que los operadores recojan el guante y trasladen ese ahorro de costes a tu factura mensual.

Imagen de portada | Montaje con foto de la Comisión Europea e Iván Linares

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