El concepto de soberanía digital lleva tiempo resonando por Bruselas, pero la política exterior de la administración estadounidense está transformando este debate en una urgencia. Ante el temor a un escenario donde Trump pudiera obligar a las Big Tech a cortar o limitar el servicio, la Comisión Europea ultima la presentación de un paquete de medidas para proteger su independencia en dos principales campos.
- Software...
- ...y servicios en la nube.
El problema es que el frente de resistencia para la Unión Europea ha llegado desde su propia cuna. El Financial Times revela que directivos de las principales empresas industriales, bancarias y telecos del viejo continente han advertido a los legisladores de que forzar una desconexión es un imposible.
La asfixia de la infraestructura. El diagnóstico del sector privado coincide con el baño de realidad que daba hace poco la figura pública del responsable de ciberseguridad de Bélgica. Los bancos y multinacionales europeas argumentan que la madurez, la escalabilidad y la resiliencia que ofrecen los hyperscalers de EEUU no tienen rival. Dejar atrás a proveedores como AWS, Azure o Google Cloud, implica reescribir mucho software desde cero y volver a formar plantillas enteras: es un riesgo operativo inasumible.
Un archipiélago de soluciones. Así podríamos definir el panorama en Europa, porque el continente no está de brazos cruzados. Existen iniciativas de gran calibre en marcha, véase el reciente despliegue EURO-3C liderado por Telefónica o la búsqueda de una ubicación en nuestra península para una gigafactoría de IA.
No obstante, los expertos advierten en no caer en la trampa del hyperscaler: intentar clonar a EEUU a base de talonario es ineficiente. Incluso cuando Europea invierte 2.500 millones en un laboratorio de chips avanzados, o encuentra minas de tierras raras, la manufactura sigue terminando sin más remedio fuera del continente. La dependencia es muy alta casi en todos los sectores.
Soberanía vs Competitividad. Esta fractura se evidencia en cómo abordan la tecnología los gobiernos frente a las empresas. Mientras países como Francia obligan a sus funcionarios a usar suites ofimáticas locales Open Source y blinda sus fuerzas armadas con la IA patria Mistral, en otras naciones como Alemania tienen una visión diferente. Según la información del medio, desde Berlín insisten en que las empresas deben adoptar los mejores modelos de IA extranjeros hoy mismo, o de lo contrario serán barridas por la competencia de EEUU y China en poco tiempo.
El mercado ignora las fronteras. Si algo queda claro es que la soberanía no se puede imponer si no hay un tejido que la respalde. La brecha entre los despachos y la realidad es evidente: tenemos el ejemplo del debate del BCE con el Euro Digital que apunta a finales de esta década, mientras que la banca privada ha creado un Bizum comunitario para este mismo 2026.
Del mismo modo, mientras Bruselas busca la desconexión de EEUU, sus grandes industrias se aferran a la IA para ser rentables. Al final, los esfuerzos por la independencia quedan en manos de empresas privadas y pequeñas startups: en el smartphone, existen iniciativas de software —acompañadas de hardware— como /e/ OS y Sailfish OS de Jolla que son la resistencia contra Google y Apple.
El mensaje del sector privado a las instituciones debe ser claro: levantar muros sin cimientos sólidos no nos hará más soberanos, solo nos aislará de la innovación.
Imagen de portada | Samuel Sweet para Pexels
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